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Sobre Brisa

Brisa, Proyecto de Comunicación Social y Medioambiental se dibujó en 2014. En 2015 tomó fuerza y se lanzó impulsado por un gran compromiso con el entorno, los recursos finitos y la sociedad. Somos expertos en las áreas en las que trabajamos, teniendo un gran conocimiento del sector. Queremos acompañaros para contar vuestras historias y cómo contribuís con vuestra labor también a mejorar el mundo en el que vivimos.

 

Áreas

Animados por nuestra vocación social y medioambiental, trabajamos en áreas específicas que, de alguna manera, contribuyen a hacer de este mundo un lugar mejor en el que vivir, generando compromiso con nuestro entorno.

Medio ambiente

AGROALIMENTACIÓN

Del campo a la mesa, o lo que es lo mismo, seguimos toda la trazabilidad de lo que encontramos en nuestras despensas, contando desde su producción, con agricultores y ganaderos, hasta su puesta venta. Abogamos por el despilfarro cero.

Movilidad sostenible y urbana

MOVILIDAD SOSTENIBLE Y URBANA

La calidad del aire y la contaminación en las ciudades, por fin, ocupa la agenda política y social. Contamos con una sólida experiencia en la divulgación de buenas prácticas en movilidad que generan cambios en la sociedad y las ciudades, más amables, priorizando las personas.

SMART CITY e IOT

Desde hace algunos años, la tecnología se ha puesto al servicio de la sociedad y las ciudades, cambiando nuestra forma de vivir. La inteligencia está ligada al compromiso y la responsabilidad con los recursos. Nosotros lo contamos.

Energías Renovables y eficiencia energética

ENERGÍAS RENOVABLES Y EFICIENCIA ENERGÉTICA

La dependencia energética, las toneladas de CO2 a la atmósfera y la pobreza energética hacen que resulte inevitable defender las energías renovables, fuertes generadoras de empleo y responsables con el medio ambiente. Llevamos años contando sus bondades.

MEDIO AMBIENTE 

El mayor reto al que se enfrenta la humanidad es el cambio climático y sus consecuencias, que inundan todas las esferas de la vida, desde la producción de los alimentos. Es fundamental construir historias, contarlas y fomentar la conciencia medioambiental.

Responsabilidad Social y Cultura

RESPONSABILIDAD SOCIAL Y CULTURAL

Entendemos la responsabilidad social como un compromiso que todos tenemos con lo que sucede a nuestro alrededor, pudiendo ser capaces de mejorar lo que está mal. Ofrecemos nuestros servicios para ONGS, fundaciones y asociaciones que se ocupan de lo social.

Servicios

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Redacción y gestión de artículos
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Elaboración de plan de marketing
Elaboración de plan de comunicación
Puesta en marcha
Evaluación y seguimiento

Redes Sociales

Diseño de estrategia en redes sociales
Propuesta de contenido
Dinamización
Seguimiento y medición

Organización de eventos

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Logística relacionada con el evento
Asistencia y coordinación
Cobertura mediática

Clientes y colaboraciones

La nueva normalidad: la hora de cuidarse emocionalmente (si no lo hacías antes)

El primer día de verano también ha
traído consigo la llegada de la nueva normalidad. ¿La diferencia con la
antigua? Probablemente sea solo la mascarilla.

Las ciudades se vuelven a llenar
de una vida que parece que ya no tiene la mirada de miedo ni incertidumbre, en
los trenes y los aviones no cabe un alfiler– porque la distancia social parece
que es solo para el pequeño comercio – , las estaciones y aeropuertos se llenan
de abrazos prohibidos, de reencuentros y de lejos, en Mallorca, se escucha ya
hablar alemán.

Además de retomar gradualmente la
rutina que un día se tuvo, ya nada va a volver a ser como antes. Y es que para muchas personas estos tres meses han
supuesto un terremoto en sus vidas
y
ahora llega la hora de recoger los pedazos que se rompieron y cuidarse emocionalmente
para poder pegarlos
, para mimarse y para vivir mejor dentro de nuestro
cuerpo y nuestra mente.

Desde la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes (Anpir) alertaban hace unos días que las personas con problemas de salud mental podrían incrementarse en un 15 % y en un 20 %.

Estrés, ansiedad, agorafobia, trastornos
del sueño, tristeza y desánimo… son algunos de los síntomas que quien más y
quien menos ha sentido a lo largo de estos tres meses y que es posible que se
alargue hasta septiembre que será cuando, de verdad, llegue la (nueva)
normalidad.

La paciencia es una de las habilidades que la era posCOVID también va a
reclamar
y en ese sentido, para poder llevar bien el impacto que todo esta
vorágine ha provocado, hace falta tener una visión abierta y optimista, no pretender
querer retomar todo de golpe y continuar
eligiendo ser siempre protagonistas de nuestras propias vidas.

Ya mucho antes del coronavirus y de muchas otras cosas, el filósofo Epicteto rezaba “no nos afecta lo que nos sucede sino lo que pensamos sobre lo que nos sucede”. Ahora toca afrontar lo que sucede, lo que nos sucede también como sociedad, y si no podemos hacerlo solos, con ayuda seguro que sí.

El teletrabajo en pandemia no es teletrabajo

El otro día, analizando los posts que habían generado más visitas e interés, vimos que entre los primeros estaba en el que habíamos hablado de teletrabajo.  Es de hace un par de años y entonces lo vinculamos con la movilidad sostenible. El interés despertado hoy, seguramente, tiene más bien connotaciones pandémicas que poco tiene que ver con acabar con el humo de los atascos y la mala uva en la que se puede llegar a la oficina.

Sin embargo, no que hay que olvidar que trabajar en casa tiene un impacto directo sobre las emisiones que se evitan y, por ende, con una mejora de la calidad del aire. Desde la fundación Más Familia recogen en su Libro blanco del teletrabajo que, si en una ciudad como Barcelona, el 40 % de las personas susceptibles de poder teletrabajar, lo hiciese dos días en semana, se ahorrarían 332.843 toneladas de CO2 y unas 336.171 toneladas de gases de efecto invernadero al año.

Pero volvamos a hoy y a la situación que ha generado la COVID -19.

Lo de ahora NO es teletrabajo. Lo de ahora es trabajar desde casa porque hay una pandemia mundial en la que está muriendo gente – cada vez menos, por fortuna – y de la que nos debemos cuidar y evitar desplazamientos innecesarios.

¿Desplazamientos innecesarios? Sí, la tecnología está preparada para poder permitir que se vaya a la oficina una vez a la semana o cada dos. Se deberán desarrollar nuevos protocolos y procesos de comunicación de los equipos de trabajo para que se siga haciendo un trabajo coordinado, pero, en definitiva, los puestos que no requieren de trabajo físico y manual, se pueden digitalizar perfectamente y a las pruebas nos remitimos.

Pero, como se ha dicho, esto no es un ensayo general real. Las personas no trabajan con sus hijos al lado normalmente, ni en un contexto tan fuerte de incertidumbre que inunda todo – porque, no nos engañemos, la concentración no es la misma en esta situación que en la “vida normal” -, ni con tanta tensión social.

Y, por otro lado, para que se pongan las bases del teletrabajo también se han de poner las de la desconexión. Trabajar no se puede convertir en un estado, es una actividad, que tiene principio y fin y se percibe un salario por ella. En Francia ya se había legislado a favor de la desconexión digital. Aquí aún hay que hacerlo.

Quizá se deje para septiembre, cuando el virus sea más un mal sueño, pero no se puede esperar mucho más. La ministra de Trabajo ya está hablando de la Ley Reguladora del Trabajo a Distancia, pero habrá que ver cómo se articula para no hacerse con los ojos de la oficina sino con una mirada mucho más amplia, para que sea más justa.

La COVID-19 no va a dejar nada indiferente y hay que poner las reglas del juego antes de seguir, para que se mejore en calidad de vida, que, a fin de cuentas, de eso se trata, de estar mejor que antes.

Ciudades de proximidad, ciudades 15 minutos

Según la última encuesta de movilidad, en la ciudad de Madrid, sus habitantes invierten cerca de una hora y media en desplazamientos por la ciudad. Esto significaría que Madrid no es el lugar más idóneo para implantar ese modelo de proximidad que empieza a escucharse de lejos, pero cada vez más fuerte, ¿o sí?

Como todo en la vida, va por barrios, y es posible que eso sea en lo que se tenga que poner la lupa. En la fase 0 de desescalada, en el momento en el que se permitieron los paseos, las personas se dieron cuenta del barrio en el que vivían, las cosas positivas y las carencias.

A pesar de tener los negocios las persianas bajadas, todo se observaba desde otro prisma. Las aceras parecían más estrechas, las zonas verdes inexistentes rendidas al asfalto…Cada habitante ha tenido su propia experiencia y ha hecho su propia reflexión que ha seguido formándose durante el sucederse de las fases, tanto en Madrid como en otras grandes ciudades.

Probablemente el impacto de la COVID- 19 acelere, por fin, la llegada de las ciudades de proximidad o el modelo de ciudad 15 minutos. Esto no significa otra cosa más que todo lo que se necesita se pueda encontrar sin necesidad de coger el vehículo privado para desplazarse.

Esta idea la lanza una gran ciudad como París, pero también la ha lanzado ya Barcelona con ese concepto de súpermanzanas y ha continuado Madrid con Madrid Central. La Ley de Cambio Climático ayudará en esta consecución porque obliga a las grandes ciudades de más de 50.000 habitantes a tener una zona de baja emisiones, o lo que es lo mismo, tenerla lejos del alcance de los vehículos contaminantes.

Se trata, a fin de cuentas, de construir ciudades más amables, integradoras, recuperar el espacio urbano que se había dado al vehículo privado en los últimos años y volver a impulsar un tejido urbano y social que sea comunidad. Ciudades vivibles, en las que se recuperen vínculos y cuidados. Suena muy bien.

La resiliencia es la HABILIDAD en la era postCOVID

Recientemente ha salido publicado un estudio elaborado por el Grupo Mutua de Propietarios y el Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (CGATE), bajo el título “La salud de tu hogar en tiempos de confinamiento” en el que se revela que el 74 % de las personas participantes consideran que se adaptado bastante bien o muy bien al confinamiento.

Esto muestra lo que Ángela Rodríguez, psicóloga general sanitaria y a la que entrevistamos, afirmaba: el ser humano tiene una gran capacidad de adaptación.

Si bien en este estudio entran variables como el número de personas que viven en el hogar o los metros cuadrados, seguramente podría ser extrapolable a otros ámbitos en los que se analizara esta capacidad de adaptación y, además, en positivo: la famosa resiliencia.

Esta, según los expertos, será la herramienta más útil con la que tendremos que contar a partir de ahora, junto a otras que la consultora Grow Talent Solutions resume en: paciencia, flexibilidad, creatividad, iniciativa, agilidad, (capacidad de) networking, (capacidad de) pedir ayuda, aprender y reaprender y liderazgo y autoliderazgo.

Porque, aunque la gran parte de España esté ya en fase 1 y camino de la fase 2, esto no significa que la nueva normalidad se pueda parecer a la normalidad que se tenía antes. Y, aunque pareciera que las personas son muelles y que vuelven a su estado original y olvidan, esta pandemia va a dejar un poso importante en la mayoría. Ya ha provocado un punto de inflexión y transformará la forma de relacionarnos y de interactuar en la ciudad.

La ONU, por su parte, ha hecho un llamamiento a cuidar la salud mental para frenar el malestar que embarga a muchas personas a partir de la incertidumbre y que puede desembocar en ansiedad, depresión o abuso del alcohol y acabar en suicidio.

No es una exageración, hay que estar alerta. Queda mucho camino por delante y hay que viajar con esas herramientas que nos serán útiles para afrontar los nuevos escenarios que se crearán en esa nueva normalidad que parece no acabar de llegar. Para cuando lo haga, tenemos que estar preparados y que nos encuentre justo donde queremos estar.

La mujer en el entorno rural, cada vez más emprendedora

Cada año, en el Día de la Mujer Rural, que se celebra el 15 de octubre, se recuerda la doble brecha que tiene la mujer en estas áreas: por ser mujer y por ser rural. Por fortuna, gracias a los movimientos de la España Vaciada y la revuelta del año pasado, la sociedad en su conjunto está tomando mayor conciencia sobre las diferencias que existen en cuanto a servicios, infraestructuras y comunicaciones entre la ciudad y el campo o las zonas rurales.

Estos aspectos han provocado que durante muchos años los pueblos se fueran vaciando cada vez más. Por fortuna, dentro de esa nueva corriente que hay latente – o había antes de la pandemia –sobre la recuperación de lo local, del negocio de proximidad y, por qué no, de la slow life, los pueblos se han ido poniendo sobre la mesa en la agenda política tomando mayor relevancia, impulsados también por la aparición política de Teruel Existe.

En este contexto, el papel de la mujer en el mundo rural también ha empezado a tomar impulso. Herramientas como la Ley de Titularidad Compartida, aunque no esté funcionando todo lo bien que debiera, sirve como catapulta para ellas en las explotaciones familiares, pero también numerosos proyectos de emprendimiento que se han ido poniendo en marcha en el ámbito del turismo, de la agroalimentación y la enología o la artesanía, entre otros. Tanto es así que, según un estudio de COPADE – Comercio Para el Desarrollo -, las mujeres liderarían ya el 54 % de los proyectos empresariales lanzados en el medio rural.

De esto y mucho más hablaremos en las jornadas virtuales en las que colaboramos y que organiza el Instituto de la Sostenibilidad bajo el título “Mujeres AgroSostenibles”  que celebraremos los días 14 y 15 de mayo con motivo también de la festividad de san Isidro, patrón del campo. Para inscripciones y consultas del programa: aquí

Sobre positividad tóxica y reivindicar nuestro estado de ánimo

Las personas que aplauden y las que no. Las que hacen pan y las que desparramarían toda la harina y vaciarían los sobres de levadura Royal por el váter. Las personas que hacen ejercicio cada día y las que se tumban a ver las horas pasar y cómo crece la hierba fuera. La sociedad, también antes del confinamiento, estaba llena de distintas formas de vivir.

Y es que, en estos últimos días, el término positividad tóxica se ha empezado a escuchar y leer bastante. La representación gráfica podría estar en esa suerte de batalla entre Mr. Wonderful y Mr.Puterful, por ejemplo. La reivindicación de sentirse mal cuando uno mismo se siente mal, de hecho, ¿por qué no hacerlo?

Es cierto que desde que estallara el estado de alarma, han sido repetidos hasta la saciedad los múltiples consejos para sobrellevar la situación – también desde nuestro equipo hemos propuesto los nuestros -, las enseñanzas que esta experiencia trae a nuestro día a día y las oportunidades que se vislumbran a pesar de todo. La positividad se ha convertido en un refugio en el que cobijarse hasta que la vida, congelada, se pudiese retomar.

Pero este refugio, a la vez, se ha tornado incómodo para muchos. Todo es bueno en su justa medida y una sobredosis de positividad no se puede llevar muy lejos, por lo que pesa y por lo que frustra cuando no se consiguen los objetivos.

Investigando por la red se atribuye este término al psicólogo clínico Konstantin Lukin quien, curiosamente, aparece con una sonrisa de oreja a oreja en su web junto a su familia. Ironías aparte, no existe una receta absoluta de la felicidad y enmascarar los sentimientos detrás de consignas de arcoíris y piruletas, no sintiéndolo, solo provoca que la bola que nos persigue no deje de hacerlo y sea cada vez más grande.

No se trata de tener que elegir entonces entre Mr. Wonderful y Mr. Puterful, ni que los partidarios de unos quieran convencer a los partidarios del otro y viceversa. Se puede estar en los dos bandos sin ser un traidor, dependiendo de cómo nos encontremos. Y no pasa absolutamente nada. La pandemia sigue estando fuera.

La nueva normalidad irá en bicicleta

El coronavirus ha puesto en jaque también al transporte público, el medio más eficiente para los desplazamientos. Después de todo el esfuerzo en poner en marcha acciones para fomentar la movilidad sostenible, tales como el carpooling o la intermodalidad, ahora todo esto se tambalea como un castillo de naipes porque, en cuanto llegue esa nueva normalidad, nadie va a querer ir en coche con otra persona con la que no conviva y nadie va a querer ir en transporte público si se puede evitar.

Y esto tiene sus consecuencias: más vehículos privados en las carreteras, más atascos, más emisiones, más contaminación y por ende, más partículas en suspensión, más enfermedades respiratorias y quizá otra vez un buen contexto para que el coronavirus y corra como la pólvora.  

Esto es no porque la contaminación sea la causa del coronavirus, sino porque es un contexto que lo impulsa, o al menos así revelaba un estudio de la Universidad de Harvard a principios de mes del que se hacían eco en El Independiente. En éste se explicaba que el aumento de un microgramo por metro cúbico de las partículas PM 2,5 se asociaba con un incremento del 15 % de la tasa de mortalidad por coronavirus.

Con todo esto, conviene repensar el modelo de movilidad y el modelo de ciudad, recuperando aún más espacios para poder fomentar la distancia social que antes no era necesaria, además de acudir a las ayudas del Plan Moves que le Gobierno pone en marcha para fomentar la compra del vehículo eléctrico.

Muchos ayuntamientos están ya preparando la ciudad para el postCOVID, como en el caso de Valencia que, si bien había pospuesto las obras de peatonalización de la plaza del Ayuntamiento por el estado de alarma, ahora lo retoma con una imagen integradora y, seguramente, habiendo ganado más adeptos, convenciendo a muchas de las personas que estaban en contra.

Y es que es probable que la nueva normalidad fomente también la nueva movilidad, un concepto del que ya se hablaba y que, seguramente, sufrirá algún cambio. Sin duda, la estrella de todo esto es la bicicleta. Las principales ciudades europeas y españolas ya están dejándose seducir, proyectando nuevos carriles para ellas porque es el único camino posible si se quiere continuar en la senda de la sostenibilidad y dar sentido a todos los esfuerzos realizados hasta ahora.

El Día de la Tierra

Hoy es el Día de la Tierra. Y, probablemente, nunca antes, en los últimos años, la Tierra ha estado tan al borde la locura como ahora, con una pandemia mundial, la invasión de las langostas en África y un clima tan tenso  – tanto mental como meteorológico -que pareciera que fuera a explotar.

El otro día – ya no recuerdo cuándo porque todos se parecen – llegaban a la Tierra, esa misma Tierra que está buscando su propia mascarilla y una camisa  de fuerza, un equipo de astronautas que había estado de misión espacial cerca de 200 días.

¿Qué pensarían? ¿Cómo puede cambiar el mundo tanto en tan poco tiempo? Cierto que 200 días son muchos días con sus muchas noches, pero, desde luego, nadie podía imaginar esto cuando partieron.

 La realidad, muchas veces, supera a la ficción.

Y ten cuidado con lo que deseas que, a veces, se cumple.

No sé cuándo empezó a coger ese ritmo frenético las sociedades de los países desarrollados. Cuándo nos olvidamos de cuánto es importante todo lo que nos rodea, desde nuestra familia y nuestro entorno más cercano, hasta las personas con las que interactuamos y tropezamos sin querer en el transporte público.

Hemos caminado deprisa mucho tiempo, cabizbajos, iluminados por una pantalla, con el “no tengo tiempo” en la boca, olvidándonos de la sensación que provoca la brisa de verano, el sol que se despierta en primavera, el olor de lluvia del otoño o el chocolate caliente que evoca una tarde de invierno.

Y nos hemos empeñado en buscar vida en otro planeta porque la Tierra se nos quedaba pequeña. Pequeña y obsoleta, porque la forma en la que estábamos viviendo estaba chupándole demasiada energía en su vaivén.

El cambio climático avanza, inexorablemente, destrozando cultivos, especies, provocando la existencia de nuevos migrantes, nuevos desastres y nuevas enfermedades.

Ahora la Tierra sigue girando, cansada, a un ritmo que quiere decir, “llevo mucho tiempo advirtiéndoos”. Quizá este parón por coronavirus nos debería hacer pensar en cómo queremos que sea nuestra vida en la Tierra. La ONU advierte de que ya no podemos esperar más y que con las políticas actuales tampoco vamos a conseguirlo. Dejemos de pensar en hacia dónde huir entonces, cuando ya no quede nada, luchemos, en cambio, por lo que tenemos ahora, por lo que compartimos, comprometámonos en nuestro día a día, para que la Tierra sea el mejor lugar donde vivir, nuestra generación y las próximas que vendrán.

Marta Pano Crego

Fundadora de BRISA, Comunicación Social y Medioambiental

Salud mental: “Se habla poco de la interrelación que hay entre mente y cuerpo”

En el momento actual se está hablando mucho de salud, pero la mayoría de las veces está referida a la física. Pero, ¿qué hay de la salud mental? ¿Es menos importante? Tras hacernos esta pregunta y muchas más, decidimos elaborar una entrevista a una persona experta para que nos ayudara a entender mejor.

Ángela Rodríguez es psicóloga general sanitaria y actualmente ofrece terapia por videollamada a través del proyecto www.umaiterapia.com . Tiene una visión biopsicosocial de la salud y trabaja con dificultades relacionadas con la ansiedad, la depresión, gestión emocional, así como altas sensibilidades o problemas que se puedan ver reflejados en el cuerpo.

El confinamiento significa muchas cosas: falta de libertad, pero también que hay una pandemia fuera que impide que se puedan hacer las cosas con normalidad, ¿cómo nuestro cerebro puede digerir eso? ¿No es demasiado complejo?

Por un lado, el ser humano en general tiene una alta capacidad para adaptarse a cualquier circunstancia. Para ilustrar este hecho podemos observar otras realidades más duras como pueden ser guerras, los campos de concentración o situaciones actuales que pueden vivir los refugiados y cómo, a pesar de las situaciones extremas, se busca una forma de supervivencia en ellas. Si lo pensamos por un momento podemos tomar un poco de distancia y confiar en esta capacidad adaptativa.

Por otro lado, nuestro cerebro lo va a digerir según el tipo de interpretación que hagamos de la situación. Es decir, la situación objetiva es que hay una pandemia y durante un tiempo estamos en casa para evitar contagios y la saturación del sistema sanitario. Si pensamos que esto es horrible y que no lo podemos soportar, nuestras emociones y nuestro cuerpo van a reaccionar en consonancia. En cambio, si pensamos que al estar confinados estamos participando en que haya menos casos y nos enfocamos en todo lo que tenemos y lo que nos permite esta situación, estaremos dando otra información a nuestro cerebro y por ende nos sentiremos diferente.

Nuestro cuerpo y mente están preparados para situaciones de amenaza, la complejidad aparece cuando nos alejamos de confiar en ello y ponemos nuestra atención en pensamientos que transforman la realidad según nuestras preocupaciones.

Se habla mucho de salud física, ¿pero qué hay de la mental? ¿crees que se habla poco?

Mi opinión en este sentido es que creo que se habla poco de la interrelación que hay entre mente y cuerpo. En la sociedad actual se presta mucha atención a la salud física relacionándola sobre todo con ausencia de enfermedad y con el aspecto más estético de “tener buena apariencia”. Cada vez hay más conciencia de esto y se van viendo posturas más integradoras que no nos cortan en dos como si no tuviera nada que ver la una con el otro.

En cuanto a la salud mental, la tradición ha sido relacionarla únicamente con la locura, creando tabús y creencias sociales alejadas del verdadero propósito de la psicología. Esto tiene que ver mucho con la cultura porque, por ejemplo, en Argentina está totalmente normalizado que al igual que todo el mundo tiene su médico de cabecera también tiene su psicólogo. Como sociedad nos falta educación emocional y de gestión mental y esto se podría mejorar dando más espacio a la psicología en la salud.

En definitiva, pienso que la salud mental es fundamental por lo que habría que darle muchísima más importancia de la que se le da. Aun así creo que se está avanzando poco a poco y quizás esta situación sirva para normalizar y valorar más la psicología y a los profesionales que nos dedicamos a ella.

¿Cómo afecta la falta de sol a nuestro organismo y humor?

La luz solar está relacionada con la serotonina que es una de las hormonas relacionadas con nuestro estado de ánimo. Podemos observar esto con los cambios que se pueden producir según la estación en la que estemos. En cambio, hay muchos países que cuentan con menos luz solar que el nuestro y no significa que todos estén tristes. Hay muchos factores que influyen en el estado de ánimo de una persona.

Mi sugerencia es que abramos el foco y busquemos formas de adaptación que estén en nuestra mano. Respecto al sol, si contamos con un espacio al aire libre, utilizarlo para que nos dé directamente 20 minutos al día. También podemos aprovechar si en algún momento da en algún lugar de la casa, abrir la ventana y situarnos en esa habitación donde pueda sentirse. Otra opción es aprovechar las salidas a la compra para poner atención en ir por el camino soleado. Y sobre todo, darnos cuenta de que nuestro estado de ánimo no solo depende de una única variable, por lo que podemos centrarnos en utilizar las estrategias o los recursos que tengamos para regular nuestro humor.

Muchas personas comentan que no pueden dormir porque no están cansadas, ¿crees que esto puede desencadenar en un problema mayor? ¿Cómo podría evitarse?

En general las recomendaciones que se están haciendo en este campo son las de tener una rutina, hacer ejercicio físico en casa, llevar una alimentación saludable y contactar con nuestros seres queridos por videollamada. Muchas veces los problemas de sueño se pueden dar también por un exceso de preocupación y de activación mental y emocional. Algo que nos puede servir es introducir prácticas que nos ayuden a ir relajándonos antes de ir a dormir y evitar la sobreinformación.

Ahora bien, en este tipo de situaciones es muy importante poder consultar con un profesional. Cada persona tiene unas circunstancias únicas y no se puede dar una solución que sirva para todo el mundo. Al igual que cuando a uno le duele la barriga va al médico, en estos casos también habría que ir a un psicólogo o a un sanitario que pudiera valorar qué variables pueden estar afectando y cuál sería el tratamiento individualizado que le puede ir bien.

Creemos que todas las personas que trabajan fuera están sometidos a un fuerte nivel de estrés – de trabajo y emocional -. En este sentido, la profesión sanitaria es muy vocacional y, quizá, se les prepare para ello, pero, ¿Qué hay de otras actividades esenciales como supermercados, transporte, etc.? ¿Cómo pueden afrontar esta situación?

Esta pandemia es algo nuevo para todos, es una situación excepcional que no habíamos vivido nunca, por lo tanto no estamos preparados para ello y estamos aprendiendo sobre la marcha independientemente de nuestra profesión.

Respecto a la vocación que comentas no es un factor protector para el estrés. Como comentaba antes, hay poca psicoeducación en la sociedad. Ahora más que nunca se hace visible la necesidad de integrar la salud mental en todas las esferas para que así podamos conocernos más y contar con estrategias para la gestión emocional y mental.

En cuanto a cómo podemos afrontar la situación, nos puede ayudar poner la atención en lo que cada uno podemos aportar a nivel colectivo para gestionar esta realidad. Quizás esta crisis nos ayude a valorar cada profesión y como cada cual podemos aportar una parte importante.

Poniendo un ejemplo, normalmente comemos cada día de forma automática, muchas veces viendo la tele o sin apreciar ese momento. Ahora podemos reflexionar y darnos cuenta que para que nos podamos comer una tostada con tomate para desayunar hace falta el trabajo, el tiempo y el esfuerzo de muchas personas hasta que el alimento llega a tu mesa. Aumentar conciencia en esto nos aportará una mirada más agradecida y puede promover un consumo más responsable y más valor cuando una persona nos brinda un servicio con su trabajo.

¿En qué grado influye la comunicación que se está haciendo del COVID19 en la erosión del ánimo de las personas?

Cuanto más expuestos estemos a la información, más afectará a nuestro estado anímico. La sugerencia en este tema es evitar la sobreinformación ya que ésta alimenta la sensación de miedo y de falta de control y realmente no tiene un beneficio en nuestra salud. Cada medio lo estará exponiendo a su manera y somos las personas las responsables de decidir qué queremos consumir. Con que sepamos como máximo 3 veces al día lo que está pasando y no más de media hora ya sería suficiente.

¿Crees que quedarán secuelas psicológicas de esto?

Estamos viviendo una crisis fuerte y cada persona tiene su propia vivencia. Está claro que habrá aprendizajes, reflexiones y cambios en cada uno de nosotros. Nos encontramos con situaciones de duelo, de rupturas, de cambios de dinámicas. Es algo a lo que ahora mismo nos estamos adaptando como podemos con los recursos que contamos.

A partir de ahí, las consecuencias posibles a nivel de salud dependerán de las circunstancias y de las herramientas que se hayan tenido para afrontarlo. Se habla de colectivos más vulnerables que son los niños, adolescentes, personas mayores, sanitarios y personas que hayan tenido pérdidas. En este sentido sería muy beneficioso contar con especialistas para poder atender a quién lo pueda necesitar.

Lo positivo es que estamos viendo una gran motivación de la sociedad por participar y ayudar al colectivo, se están ofreciendo numerosas opciones para que cada uno podamos coger lo que creemos que nos puede ser beneficioso para gestionar las emociones que están surgiendo y en general esta situación.

Si no es aventurarse mucho, ¿qué medidas se podrían tomar desde la Administración para prevenir todas estas secuelas?

En relación a lo que decía anteriormente creo que es el momento de que hagamos cambios. Quizás uno de estos puede ser que se cree más espacio e importancia a la salud mental, para ello sería indispensable que se abrieran más plazas en la sanidad pública. El problema que tenemos es que actualmente existen muy pocos psicólogos y es muy difícil acceder a ellos, además de que como están colapsados el servicio que ofrecen es de una atención muy espaciada. Es por eso que muchas veces la única opción es ir a terapia privada y no todo el mundo puede permitírselo.

Asimismo pienso que sería muy positivo poder ofrecer terapia a las personas sanitarias que actualmente están sufriendo mucho estrés y que será necesario para que lo puedan gestionar una vez pase todo esto. Este servicio psicológico para los sanitarios creo que debería de ser algo continuado, no solo por esta pandemia. Dar más peso a los psicólogos reduce enfermedades, aumenta la calidad de vida y reduce costes públicos. Ojalá esta pandemia nos dé impulso para poner el foco en lo importante como es la salud, los cuidados, la sostenibilidad y se aumente la responsabilidad individual y colectiva en cuanto al bienestar común.

La brecha digital, al aire por coronavirus

El Coronavirus ha puesto patas arriba todo y ha hecho una fotografía a traición de las vidas de toda la sociedad, aireando las realidades – buenas o malas – de manera acentuada por la situación. La brecha digital es una de esas realidades que ha salido con la luz del flash.

España, probablemente, no estaba preparada para el teletrabajo, pero mucho menos para impartir clases a distancia en colegios e institutos, ya que existen multitud de familias que no disponen de ordenadores o que no tienen conexión a internet lo suficientemente rápida como para poder seguir de manera eficiente el material que se envía.

Por lo que respecta a internet, según la última encuesta del INE publicada en octubre de 2019, existen alrededor de 3 millones de hogares que no disponen de conexión a internet, cerca del 8 % de la población, destacando, sobre todo, las zonas rurales.

En días normales no disponer de internet puede ser un problema, pero en días de coronavirus  es mucho más grave. La brecha digital crece tanto que, en muchos casos, se hace insalvable. Quienes pueden contratarlo lo hacen, pero no hay que olvidar que también los ordenadores u otro tipo de soportes, cuestan.

Por fortuna, en esa fotografía hecha a traición también ha salido el espíritu de la solidaridad y la iniciativa de muchos vecinos que se han movilizado para ayudar a quienes la brecha digital les separa del derecho legítimo de acceso a la educación.

Un ejemplo se vive en el municipio madrileño de Pozuelo de Alarcón, el que cuenta con la renta per cápita más alta del país, pero también es el municipio con más desigualdad, donde la se ha puesto en marcha “ Pozuelo, más conectad@s que nunca”.

También otros programas de empresas y organizaciones como Telefónica o La Caixa han puesto en marcha sendas iniciativas para dotar a estudiantes que lo necesitan de equipos para que puedan seguir el ritmo.

Está claro que mientras dura esta tormenta se debe hacer una reflexión profunda sobre los recursos educativos y poner sobre la mesa propuestas para reducir la brecha digital.

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