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Sobre Brisa

Brisa, Proyecto de Comunicación Social y Medioambiental se dibujó en 2014. En 2015 tomó fuerza y se lanzó impulsado por un gran compromiso con el entorno, los recursos finitos y la sociedad. Somos expertos en las áreas en las que trabajamos, teniendo un gran conocimiento del sector. Queremos acompañaros para contar vuestras historias y cómo contribuís con vuestra labor también a mejorar el mundo en el que vivimos.

 

Áreas

Animados por nuestra vocación social y medioambiental, trabajamos en áreas específicas que, de alguna manera, contribuyen a hacer de este mundo un lugar mejor en el que vivir, generando compromiso con nuestro entorno.

Medio ambiente

AGROALIMENTACIÓN

Del campo a la mesa, o lo que es lo mismo, seguimos toda la trazabilidad de lo que encontramos en nuestras despensas, contando desde su producción, con agricultores y ganaderos, hasta su puesta venta. Abogamos por el despilfarro cero.

Movilidad sostenible y urbana

MOVILIDAD SOSTENIBLE Y URBANA

La calidad del aire y la contaminación en las ciudades, por fin, ocupa la agenda política y social. Contamos con una sólida experiencia en la divulgación de buenas prácticas en movilidad que generan cambios en la sociedad y las ciudades, más amables, priorizando las personas.

SMART CITY e IOT

Desde hace algunos años, la tecnología se ha puesto al servicio de la sociedad y las ciudades, cambiando nuestra forma de vivir. La inteligencia está ligada al compromiso y la responsabilidad con los recursos. Nosotros lo contamos.

Energías Renovables y eficiencia energética

ENERGÍAS RENOVABLES Y EFICIENCIA ENERGÉTICA

La dependencia energética, las toneladas de CO2 a la atmósfera y la pobreza energética hacen que resulte inevitable defender las energías renovables, fuertes generadoras de empleo y responsables con el medio ambiente. Llevamos años contando sus bondades.

MEDIO AMBIENTE 

El mayor reto al que se enfrenta la humanidad es el cambio climático y sus consecuencias, que inundan todas las esferas de la vida, desde la producción de los alimentos. Es fundamental construir historias, contarlas y fomentar la conciencia medioambiental.

Responsabilidad Social y Cultura

RESPONSABILIDAD SOCIAL Y CULTURAL

Entendemos la responsabilidad social como un compromiso que todos tenemos con lo que sucede a nuestro alrededor, pudiendo ser capaces de mejorar lo que está mal. Ofrecemos nuestros servicios para ONGS, fundaciones y asociaciones que se ocupan de lo social.

Servicios

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Redacción y lanzamiento de Notas de Prensa
Redacción y gestión de artículos
Gestión de entrevistas
Asistencia a medios y relaciones públicas

Lanzamiento de Proyectos

Elaboración de plan de marketing
Elaboración de plan de comunicación
Puesta en marcha
Evaluación y seguimiento

Redes Sociales

Diseño de estrategia en redes sociales
Propuesta de contenido
Dinamización
Seguimiento y medición

Organización de eventos

Propuestas personalizadas
Logística relacionada con el evento
Asistencia y coordinación
Cobertura mediática

Clientes y colaboraciones

Filomena: El espejismo de la recuperación de las ciudades

Quién nos iba a decir que 2021 tendría este inicio. Llega el
nuevo año pisando fuerte y todo apunta a que con muchas sorpresas preparadas. Quizá esto nos debería hacer pensar que
igual no tenía tanto sentido planificar tanto
, ¿para qué? Luego llega Filomena
y con su gran nevada se lleva todo lo planeado, aislando pueblos, ganado y
obligándonos a una suerte de confinamiento domiciliario en sus primeras horas.

Filomena, sin
embargo, ha traído muchísimo color, una especie de luz nueva a quien sabido
verla
. De un plumazo ha
peatonalizado las calles y las ha transformado en plazas, llenas de gente – a pesar
de la COVID – y llenas de vida.

Con independencia de que en algunos casos la distancia
social no se haya cumplido, si no fuera por eso, Filomena se habría convertido en un estupendo ensayo general de
recuperación de las ciudades, dejando en evidencia todo el espacio que ocupa el
coche
.

En muchos lugares de Madrid la nieve se apila a los lados de
las carreteras, en las aceras, y peatón
y vehículos tienen la obligación de convivir y compartir el mismo espacio

para que los primeros no tengan resbalones innecesarios con las placas de hielo
que se forman en muchos puntos de las aceras. ¿Y cómo está siendo esta
convivencia? Pues desde mi punto de vista bastante regulera porque se hace desde una relación de superioridad
del vehículo privado frente al peatón.

Es cierto que es cuestión de espacio y velocidad, siempre es
más sencillo que el peatón se eche a un lado y pase el vehículo a que éste esté
de coche escoba hasta que se acabe la calle, pero, ¿algún conductor / a os ha hecho un gesto de agradecimiento?

Ya en su día, con el confinamiento, hablamos del acelerón que había pegado – o debería pegar –  el modelo de ciudad 15 minutos. Esta nevada histórica ha servido también para pensar en ello de nuevo porque si todo el núcleo de nuestra vida y actividad lo tuviéramos a esos 15 minutos no dependeríamos tanto del vehículo privado, podríamos ir a pie y se revertiría el espacio público.

Por desgracia parece que mucho tiene que nevar para que los
desplazamientos a pie o en transporte público ganen la batalla al vehículo
privado, sobre todo cuando la mayoría de las veces que se utiliza es para recorrer
distancias de 2 – 3 km. Debería ser la alternativa a ir a pie y no al revés.

Marta Pano Crego

Fundadora de
BRISA, Comunicación Social y Medioambiental

¿Seguirá el cambio climático en un rincón en 2021?

Nos fuimos de vacaciones dejando todo manga por hombro. El post de balance del año o el de la gestión de las emociones encontradas en Navidad que queríamos hacer a partir de este artículo de THE CONVERSATION para nuestra sección de Contando Granos de Arroz. Ambos se quedaron en el tintero por la urgencia desconectar un día y sus festivos.

Se vuelve a la carga en este 2021, el 6º aniversario de BRISA, con muchos proyectos para desarrollar y expectantes a lo que sucederá con la llegada de la vacuna y su distribución que, por lo visto, es más difícil de lo que parece.

El año del coronavirus terminaba con una interesante reducción de CO2, debido, sobre todo a los meses de confinamiento. No nos engañamos. Los hábitos ni los objetivos climáticos han tenido nada que ver. Sin embargo, aunque las emisiones se hayan visto reducidas, las concentraciones atmosféricas han seguido aumentando y, según un estudio 4C Cabron Outlook, del que se hace eco El Periódico de la Energía, solo se estabilizarán cuando estén cercanas a cero.

¿Qué tiene que pasar para ello? Los planes a nivel estatal y a nivel global para reducir las emisiones en los distintos sectores siguen estando vigentes, pero la realidad es que el medio ambiente y la lucha por paliar el cambio climático ha estado aparcada durante todo 2020, a nivel global y a nivel local.

No hay más que ver cómo las terrazas de los bares y restaurantes, para salvar su economía, están calentando las calles derrochando energía a tutiplén. En nuestro cerebro las prioridades y las preocupaciones se ordenan y el cambio climático ha bajado de posiciones. Totalmente justificado.

En cualquier caso, no podemos dejarnos llevar. La COVID 19 debe servir también como sirena que suena para dar un toque de atención y mirar hacia la mala calidad del aire, los actuales modelos de producción y consumo, el despojo de la identidad de los centros históricos por un turismo exacerbado y poco sostenible o el vacío que se respira en las zonas rurales.

Todo esto, de una manera u otra, ha influido en la velocidad de expansión del virus y todo esto desde nuestra sociedad acomodada. Que se lo cuenten a los migrantes climáticos o a países que no cuentan con infraestructuras de agua para una higiene adecuada. En fin, confiemos que todo este parón de 2020 sea para impulsar un 2021 mejor, a todos los niveles.

El impacto de la pandemia y el teletrabajo en la identidad corporativa

El teletrabajo no va con todas las personas. Hay quienes prefieren acudir a la oficina, echan de menos las conversaciones con sus compañeros, los cafés, el ruido – tanto que se ha creado hasta aplicaciones que los reproduce – y no consiguen separar del trabajo la acción de ir a la oficina.

Luego hay otras personas que están encantadas, que les cunde más el tiempo y que prefieren trabajar desde casa en lugar de desplazarse e invertir tiempo en hacerlo.

Decidirse por una fórmula u otra también depende de otros factores, como tener hijos en casa. Pero de eso ya hablamos, cuando comentábamos que teletrabajar en pandemia no era teletrabajar.

Entonces seguramente nadie se podía imaginar que la pandemia sobreviviese los 40 grados a la sombra. Y, sin embargo, ahí está, reinando una segunda ola que se vuelve a llevar por delante vidas que aún tenían mucho por delante.

El coronavirus se ha instalado en el mundo y parece que a corto plazo no se va a mover, así que hay que activarse y adaptarse a la situación, pero sin resignación. Esto pasará.

Todo alrededor de este virus se ha tenido que transformar porque ha roto el statu quo y lo que antes era considerado normal, como toser, estornudar o dar un beso a modo de saludo se ha convertido en objeto de sospecha.

Por su parte, las empresas con sus sedes también están viendo cómo la oficina va a tomar un papel menos relevante con el auge del teletrabajo que ya ha sido legislado. Las oficinas del futuro de las que tanto se hablaba, flexibles, sin puestos fijos, ya son presente.

Y todo este cambio incluye tanto la forma de diseñar los espacios por parte de los arquitectos y decoradores, como a la manera de relacionarse y construir identidad corporativa y sentido de pertenencia.

Esto último era lo que, en muchos casos, representaba una oficina para sus trabajadores: el lugar de referencia y el continente desde el que todo partía. Sin embargo, es posible que en el futuro esté más difuminado, aunque no se borrará en los próximos años porque el ser humano es un ser social. Necesita de otro para formarse, para reconocerse y para sentir que la vida tiene sentido, incluso, en este contexto.

Construir objetivos comunes, espíritu de equipo y reconocimiento en los valores de la marca será cada vez más difícil al trabajar siempre de manera más individual, perdiendo también parte de esa comunicación no verbal.

¿Las previsiones para 2050 de ciudades y núcleos urbanos más poblados se mantendrán? Pues no sabemos. Hasta la ley del teletrabajo habla de fijación de población en zonas rurales gracias a la tecnología – en el caso de que se decida apostar por ello y dotarla de infraestructuras pertinentes, claro. Lo que es seguro es que la oficina tal y como la habíamos entendido hasta marzo de 2020, y por ende, la empresa, no volverá a ser como antes.

¿Se llenará la España Vaciada?

La vuelta al cole ha estado marcada este año por una especie de carrera de obstáculos. Un poco por las prisas del último momento, siguiendo la tónica habitual y porque, probablemente, el escenario con el que nos fuimos de vacaciones era muy distinto al que nos hemos encontrado al volver, o, mejor dicho, el que hemos ido construyendo todos durante el verano.

Mientras que en las grandes ciudades se organizaba todo, y ocupaba sus largos minutos en el telediario, en el medio rural se observaba un ligero incremento en el número de alumnos, ¿por qué? La gente está volviendo a los pueblos o mudándose a las segundas residencias, las del veraneo, donde se está bien cuando se está bien.

Y es que el coronavirus ha cambiado las prioridades completamente. Parece que ahora solo se quiera vivir en un sitio donde poder sentirse a salvo, seguro, con calidad de vida, aire que respirar y verde que mirar. Recuperar un poco la calma que se había perdido entre tanto asfalto, tubo de escape y contaminación acústica. También ha sido posible o impulsado por el teletrabajo, claro.

¿Ayudará esto a poblar la España Vaciada? ¿Se está fraguando un éxodo urbano?

Hasta el momento se estaba produciendo un gran desequilibrio entre la zona urbana y la rural, con una brecha enorme, no solo digital, existiendo aún zonas donde no llega la red, a pesar de la apuesta que se ha anunciado que se va a hacer para reducirla, sino también a nivel de otros servicios públicos, empezando por los de la salud.

En este sentido, la semana pasada arrancaba un acto reivindicativo organizado por la Plataforma de la España Vaciada por una sanidad rural digna, de calidad que, durante la pandemia ha visto cómo los sanitarios se tenían que apoyar en los propios vecinos para poder seguir ejerciendo su labor por falta de recursos.

Habrá que esperar a ver si en el Plan de Recuperación que ha presentado el Gobierno y que cuenta con un capítulo referido a la España Vaciada, o al menos una sección de la llamada  “Agenda urbana y rural, la lucha contra la despoblación y el desarrollo de la agricultura”, que se quedará con el 16% de los recursos, ayudará de verdad a mejorar la calidad de vida de estos pueblos que ocupan cerca del 80 % del territorio estatal.

Sólo el 7 % de lo que comunicamos lo hacemos con la palabra

Siempre han dicho que la cara es el espejo del alma. ¿Qué pasa ahora cuando gran parte de ella va cubierta por la mascarilla?

La mascarilla, el objeto de moda – y quien no va a la moda es porque no quiere – cumple su función de protegernos, a nosotros mismos y a nuestros familiares y contactos de este virus que se ha colado en nuestras vidas en primavera y que parece que no se va ni con los 40 grados a la sombra que ha habido en algunas ciudades este verano.

A la misma vez que cumple con su función protectora, sin embargo, nos esconde. Esconde nuestra sonrisa, a pesar de que nos empeñamos en seguir haciéndolo cuando nos hacen una foto y esconde, simplemente, nuestra expresión. Una expresión que quiere decir más que lo que dicen nuestras palabras.

Según el experto en comunicación no verbal, Albert Mehrabian, sólo el 7 % de lo que comunicamos lo hacemos con la palabra, el resto lo hacemos con la entonación de la voz, la postura de nuestro cuerpo, la expresión facial, la mirada o los gestos de las manos.

Es tan importante la comunicación no verbal que son muchos los personajes políticos que se forman en esto para transmitir lo que realmente quieren y que su cuerpo y gestos no les delate.

Tan importante es toda esa parte que no se dice que ya muchas personas están empezando a diseñar mascarillas transparentes que permitan encontrar la sonrisa y poder ver la cara de la persona interlocutora por completo y, sobre todo, facilite la vida a las personas con déficit auditivo.

Así que mientras estas mascarillas se popularizan o no – y mantenemos los dedos cruzados para que pase de largo la pandemia -, podemos intentar suplir el tropiezo de la mascarilla y la distancia de seguridad – otro escollo que no hay que infravalorar -, acentuando nuestras emociones de otra forma, poniendo el énfasis en la entonación, acompañándonos con las manos y evitando el uso de las gafas de sol para que la comunicación no se pierda y la pandemia no nos siga separando.

El impacto de la pandemia se presenta más fuerte para las mujeres

“…Sin una respuesta adecuada, corremos el riesgo de perder una generación o más de logros”. Estas palabras pertenecen a António Guterres, secretario general de la ONU, durante un encuentro sobre el impacto que el coronavirus está ocasionando en la sociedad, sobre todo en aquellas que están menos desarrolladas.

Con estas palabras, se puede resumir también el informe de ONU Mujeres From insights to action que indica cómo la pobreza extrema afectará mucho más a las mujeres y las niñas y será una situación que tarde en revertirse más allá de 2030.

Una se pregunta entonces qué hacemos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible que marcaban un mundo mejor al que llegaríamos dentro de sólo 10 años. La pandemia ha eclipsado todo y prácticamente la exclusiva urgencia es la de la atención sanitaria, aparcando, muchas veces y sobre todo a juzgar por las mascarillas vistas en la playa, la emergencia climática.

Pero sí. La sociedad no puede avanzar plenamente si se deja atrás a una gran parte de ella. Las mujeres, tradicionalmente, son las que se han ocupado más de los cuidados y, precisamente por ello, su situación es mucho más precaria en la actualidad. Además, se genera un suerte de círculo vicioso: cobran menos, tienen contratos menos estables y, por ende, son las que renuncian a la vida profesional si alguien tiene que quedarse en casa, al igual que son las que más están dispuestas a conciliar.

La brecha salarial no es ficción ni son los padres.  Existe y, según su bucea en los datos que hay disponibles en ese vasto mundo de internet, puede rondar desde el 13 % al 20 % en nuestro país.

En España, sin embargo, de un tiempo a esta parte todos los temas relacionados con el feminismo o la igualdad de género se han venido politizando, por unos o por otros. ¿No  parece increíble? ¿No debería ser una cuestión de estado llegar a un equilibrio, a una sociedad en la que todas las personas sumen y tengan las mismas oportunidades con independencia de su género?

Lectura de verano: El hombre en busca de sentido

Nuestra sección Contando Granos de Arroz nació durante el confinamiento con el objetivo de poder poner sobre la mesa temas sobre los que reflexionar, tanto de salud mental, como de vida cotidiana en un momento en el que el segundero del reloj logró pararse.

Tras el fin del estado de alarma y la venida de esa nueva normalidad que no a todos gusta, por lo que conlleva y por su término en sí, decidimos mantenerlo, a pesar de no encontrar tanto tiempo para su actualización. El segundero se había vuelto a poner en marcha.

Son tiempos difíciles y convulsos. Si ya todo estaba cambiando velozmente, ahora nada se puede dar por supuesto. Llegan las vacaciones de verano, el reencuentro con la familia, los abrazos congelados y disfrutar de largas horas de tranquilidad mental. Porque eso es lo que muchas personas buscamos este agosto: abandonar la zozobra y respirar la paz mental.

En ese impasse, antes de volver a la nueva normalidad del asfalto, muchas personas vuelven a retomar la lectura que dejaron hace tres meses. Para ellas, desde el equipo de BRISA, recomendamos leer, para quien no lo haya hecho ya, “El hombre en busca de un sentido”, de Viktor Frankl, superviviente de campos de concentración en la II Guerra Mundial, de Auschwitz, entre otros.

Durante sus casi 200 páginas retrata desde un punto de vista psicológico la forma en la que las personas encaraban esa situación límite, límite física y emocionalmente. Y es tan límite que cada página es desgarradora, demostrando también, como nos decía Ángela Rodríguez, de UMAI Terapia, que el ser humano tiene una capacidad de adaptación enorme. Esta es mayor si tiene un propósito o, como recoge, en más de un pasaje, Frankl entrecomillando a Nietzsche: «Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo».

Por otro lado, ni qué decir tiene que algo tan atroz que ha sucedido hace tan poco tiempo nos ayuda a relativizar cualquier cosa que esté ocurriendo alrededor y nos hace sentir privilegiados.

Espero que os guste nuestra recomendación.

Feliz paz mental.

La nueva normalidad: la hora de cuidarse emocionalmente (si no lo hacías antes)

El primer día de verano también ha traído consigo la llegada de la nueva normalidad. ¿La diferencia con la antigua? Probablemente sea solo la mascarilla.

Las ciudades se vuelven a llenar de una vida que parece que ya no tiene la mirada de miedo ni incertidumbre, en los trenes y los aviones no cabe un alfiler– porque la distancia social parece que es solo para el pequeño comercio – , las estaciones y aeropuertos se llenan de abrazos prohibidos, de reencuentros y de lejos, en Mallorca, se escucha ya hablar alemán.

Además de retomar gradualmente la rutina que un día se tuvo, ya nada va a volver a ser como antes. Y es que para muchas personas estos tres meses han supuesto un terremoto en sus vidas y ahora llega la hora de recoger los pedazos que se rompieron y cuidarse emocionalmente para poder pegarlos, para mimarse y para vivir mejor dentro de nuestro cuerpo y nuestra mente.

Desde la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes (Anpir) alertaban hace unos días que las personas con problemas de salud mental podrían incrementarse en un 15 % y en un 20 %.

Estrés, ansiedad, agorafobia, trastornos del sueño, tristeza y desánimo… son algunos de los síntomas que quien más y quien menos ha sentido a lo largo de estos tres meses y que es posible que se alargue hasta septiembre que será cuando, de verdad, llegue la (nueva) normalidad.

La paciencia es una de las habilidades que la era posCOVID también va a reclamar y en ese sentido, para poder llevar bien el impacto que todo esta vorágine ha provocado, hace falta tener una visión abierta y optimista, no pretender querer retomar todo de golpe y continuar eligiendo ser siempre protagonistas de nuestras propias vidas.

Ya mucho antes del coronavirus y de muchas otras cosas, el filósofo Epicteto rezaba “no nos afecta lo que nos sucede sino lo que pensamos sobre lo que nos sucede”. Ahora toca afrontar lo que sucede, lo que nos sucede también como sociedad, y si no podemos hacerlo solos, con ayuda seguro que sí.

El teletrabajo en pandemia no es teletrabajo

El otro día, analizando los posts que habían generado más visitas e interés, vimos que entre los primeros estaba en el que habíamos hablado de teletrabajo.  Es de hace un par de años y entonces lo vinculamos con la movilidad sostenible. El interés despertado hoy, seguramente, tiene más bien connotaciones pandémicas que poco tiene que ver con acabar con el humo de los atascos y la mala uva en la que se puede llegar a la oficina.

Sin embargo, no que hay que olvidar que trabajar en casa tiene un impacto directo sobre las emisiones que se evitan y, por ende, con una mejora de la calidad del aire. Desde la fundación Más Familia recogen en su Libro blanco del teletrabajo que, si en una ciudad como Barcelona, el 40 % de las personas susceptibles de poder teletrabajar, lo hiciese dos días en semana, se ahorrarían 332.843 toneladas de CO2 y unas 336.171 toneladas de gases de efecto invernadero al año.

Pero volvamos a hoy y a la situación que ha generado la COVID -19.

Lo de ahora NO es teletrabajo. Lo de ahora es trabajar desde casa porque hay una pandemia mundial en la que está muriendo gente – cada vez menos, por fortuna – y de la que nos debemos cuidar y evitar desplazamientos innecesarios.

¿Desplazamientos innecesarios? Sí, la tecnología está preparada para poder permitir que se vaya a la oficina una vez a la semana o cada dos. Se deberán desarrollar nuevos protocolos y procesos de comunicación de los equipos de trabajo para que se siga haciendo un trabajo coordinado, pero, en definitiva, los puestos que no requieren de trabajo físico y manual, se pueden digitalizar perfectamente y a las pruebas nos remitimos.

Pero, como se ha dicho, esto no es un ensayo general real. Las personas no trabajan con sus hijos al lado normalmente, ni en un contexto tan fuerte de incertidumbre que inunda todo – porque, no nos engañemos, la concentración no es la misma en esta situación que en la “vida normal” -, ni con tanta tensión social.

Y, por otro lado, para que se pongan las bases del teletrabajo también se han de poner las de la desconexión. Trabajar no se puede convertir en un estado, es una actividad, que tiene principio y fin y se percibe un salario por ella. En Francia ya se había legislado a favor de la desconexión digital. Aquí aún hay que hacerlo.

Quizá se deje para septiembre, cuando el virus sea más un mal sueño, pero no se puede esperar mucho más. La ministra de Trabajo ya está hablando de la Ley Reguladora del Trabajo a Distancia, pero habrá que ver cómo se articula para no hacerse con los ojos de la oficina sino con una mirada mucho más amplia, para que sea más justa.

La COVID-19 no va a dejar nada indiferente y hay que poner las reglas del juego antes de seguir, para que se mejore en calidad de vida, que, a fin de cuentas, de eso se trata, de estar mejor que antes.

Ciudades de proximidad, ciudades 15 minutos

Según la última encuesta de movilidad, en la ciudad de Madrid, sus habitantes invierten cerca de una hora y media en desplazamientos por la ciudad. Esto significaría que Madrid no es el lugar más idóneo para implantar ese modelo de proximidad que empieza a escucharse de lejos, pero cada vez más fuerte, ¿o sí?

Como todo en la vida, va por barrios, y es posible que eso sea en lo que se tenga que poner la lupa. En la fase 0 de desescalada, en el momento en el que se permitieron los paseos, las personas se dieron cuenta del barrio en el que vivían, las cosas positivas y las carencias.

A pesar de tener los negocios las persianas bajadas, todo se observaba desde otro prisma. Las aceras parecían más estrechas, las zonas verdes inexistentes rendidas al asfalto…Cada habitante ha tenido su propia experiencia y ha hecho su propia reflexión que ha seguido formándose durante el sucederse de las fases, tanto en Madrid como en otras grandes ciudades.

Probablemente el impacto de la COVID- 19 acelere, por fin, la llegada de las ciudades de proximidad o el modelo de ciudad 15 minutos. Esto no significa otra cosa más que todo lo que se necesita se pueda encontrar sin necesidad de coger el vehículo privado para desplazarse.

Esta idea la lanza una gran ciudad como París, pero también la ha lanzado ya Barcelona con ese concepto de súpermanzanas y ha continuado Madrid con Madrid Central. La Ley de Cambio Climático ayudará en esta consecución porque obliga a las grandes ciudades de más de 50.000 habitantes a tener una zona de baja emisiones, o lo que es lo mismo, tenerla lejos del alcance de los vehículos contaminantes.

Se trata, a fin de cuentas, de construir ciudades más amables, integradoras, recuperar el espacio urbano que se había dado al vehículo privado en los últimos años y volver a impulsar un tejido urbano y social que sea comunidad. Ciudades vivibles, en las que se recuperen vínculos y cuidados. Suena muy bien.

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