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Sobre Brisa

Brisa, Proyecto de Comunicación Social y Medioambiental se dibujó en 2014. En 2015 tomó fuerza y se lanzó impulsado por un gran compromiso con el entorno, los recursos finitos y la sociedad. Somos expertos en las áreas en las que trabajamos, teniendo un gran conocimiento del sector. Queremos acompañaros para contar vuestras historias y cómo contribuís con vuestra labor también a mejorar el mundo en el que vivimos.

 

Áreas

Animados por nuestra vocación social y medioambiental, trabajamos en áreas específicas que, de alguna manera, contribuyen a hacer de este mundo un lugar mejor en el que vivir, generando compromiso con nuestro entorno.

Medio ambiente

AGROALIMENTACIÓN

Del campo a la mesa, o lo que es lo mismo, seguimos toda la trazabilidad de lo que encontramos en nuestras despensas, contando desde su producción, con agricultores y ganaderos, hasta su puesta venta. Abogamos por el despilfarro cero.

Movilidad sostenible y urbana

MOVILIDAD SOSTENIBLE Y URBANA

La calidad del aire y la contaminación en las ciudades, por fin, ocupa la agenda política y social. Contamos con una sólida experiencia en la divulgación de buenas prácticas en movilidad que generan cambios en la sociedad y las ciudades, más amables, priorizando las personas.

SMART CITY e IOT

Desde hace algunos años, la tecnología se ha puesto al servicio de la sociedad y las ciudades, cambiando nuestra forma de vivir. La inteligencia está ligada al compromiso y la responsabilidad con los recursos. Nosotros lo contamos.

Energías Renovables y eficiencia energética

ENERGÍAS RENOVABLES Y EFICIENCIA ENERGÉTICA

La dependencia energética, las toneladas de CO2 a la atmósfera y la pobreza energética hacen que resulte inevitable defender las energías renovables, fuertes generadoras de empleo y responsables con el medio ambiente. Llevamos años contando sus bondades.

MEDIO AMBIENTE 

El mayor reto al que se enfrenta la humanidad es el cambio climático y sus consecuencias, que inundan todas las esferas de la vida, desde la producción de los alimentos. Es fundamental construir historias, contarlas y fomentar la conciencia medioambiental.

Responsabilidad Social y Cultura

RESPONSABILIDAD SOCIAL Y CULTURAL

Entendemos la responsabilidad social como un compromiso que todos tenemos con lo que sucede a nuestro alrededor, pudiendo ser capaces de mejorar lo que está mal. Ofrecemos nuestros servicios para ONGS, fundaciones y asociaciones que se ocupan de lo social.

Servicios

Gabinete de prensa

Redacción y lanzamiento de Notas de Prensa
Redacción y gestión de artículos
Gestión de entrevistas
Asistencia a medios y relaciones públicas

Lanzamiento de Proyectos

Elaboración de plan de marketing
Elaboración de plan de comunicación
Puesta en marcha
Evaluación y seguimiento

Redes Sociales

Diseño de estrategia en redes sociales
Propuesta de contenido
Dinamización
Seguimiento y medición

Organización de eventos

Propuestas personalizadas
Logística relacionada con el evento
Asistencia y coordinación
Cobertura mediática

Clientes y colaboraciones

Sólo el 7 % de lo que comunicamos lo hacemos con la palabra

Siempre han dicho que la cara es el espejo del alma. ¿Qué
pasa ahora cuando gran parte de ella va cubierta por la mascarilla?

La mascarilla, el objeto de moda –
y quien no va a la moda es porque no quiere – cumple su función de protegernos,
a nosotros mismos y a nuestros familiares y contactos de este virus que se ha
colado en nuestras vidas en primavera y que parece que no se va ni con los 40
grados a la sombra que ha habido en algunas ciudades este verano.

A la misma vez que cumple con su
función protectora, sin embargo, nos esconde. Esconde nuestra sonrisa, a pesar de
que nos empeñamos en seguir haciéndolo cuando nos hacen una foto y esconde,
simplemente, nuestra expresión. Una
expresión que quiere decir más que lo que dicen nuestras palabras.

Según el experto en comunicación
no verbal, Albert Mehrabian, sólo el 7 %
de lo que comunicamos lo hacemos con la palabra
, el resto lo hacemos con la
entonación de la voz, la postura de nuestro cuerpo, la expresión facial, la
mirada o los gestos de las manos.

Es tan importante la comunicación no verbal que son muchos los
personajes políticos que se forman en esto
para transmitir lo que realmente
quieren y que su cuerpo y gestos no les delate.

Tan importante es toda esa parte
que no se dice que ya muchas personas están empezando a diseñar mascarillas
transparentes
que permitan encontrar la sonrisa y poder ver la cara de
la persona interlocutora por completo y, sobre todo, facilite la vida a las
personas con déficit auditivo.

Así que mientras estas
mascarillas se popularizan o no – y mantenemos los dedos cruzados para que pase
de largo la pandemia -, podemos intentar suplir el tropiezo de la mascarilla y
la distancia de seguridad – otro escollo que no hay que infravalorar -,
acentuando nuestras emociones de otra forma, poniendo el énfasis en la entonación,
acompañándonos con las manos y evitando el uso de las gafas de sol para que la
comunicación no se pierda y la pandemia no nos siga separando.

El impacto de la pandemia se presenta más fuerte para las mujeres

“…Sin una respuesta adecuada, corremos el riesgo de perder una generación o más de logros”. Estas palabras pertenecen a António Guterres, secretario general de la ONU, durante un encuentro sobre el impacto que el coronavirus está ocasionando en la sociedad, sobre todo en aquellas que están menos desarrolladas.

Con estas palabras, se puede resumir también el informe de ONU Mujeres From insights to action que indica cómo la pobreza extrema afectará mucho más a las mujeres y las niñas y será una situación que tarde en revertirse más allá de 2030.

Una se pregunta entonces qué hacemos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible que marcaban un mundo mejor al que llegaríamos dentro de sólo 10 años. La pandemia ha eclipsado todo y prácticamente la exclusiva urgencia es la de la atención sanitaria, aparcando, muchas veces y sobre todo a juzgar por las mascarillas vistas en la playa, la emergencia climática.

Pero sí. La sociedad no puede avanzar plenamente si se deja atrás a una gran parte de ella. Las mujeres, tradicionalmente, son las que se han ocupado más de los cuidados y, precisamente por ello, su situación es mucho más precaria en la actualidad. Además, se genera un suerte de círculo vicioso: cobran menos, tienen contratos menos estables y, por ende, son las que renuncian a la vida profesional si alguien tiene que quedarse en casa, al igual que son las que más están dispuestas a conciliar.

La brecha salarial no es ficción ni son los padres.  Existe y, según su bucea en los datos que hay disponibles en ese vasto mundo de internet, puede rondar desde el 13 % al 20 % en nuestro país.

En España, sin embargo, de un tiempo a esta parte todos los temas relacionados con el feminismo o la igualdad de género se han venido politizando, por unos o por otros. ¿No  parece increíble? ¿No debería ser una cuestión de estado llegar a un equilibrio, a una sociedad en la que todas las personas sumen y tengan las mismas oportunidades con independencia de su género?

Lectura de verano: El hombre en busca de sentido

Nuestra sección Contando Granos de Arroz nació durante el confinamiento con el objetivo de poder poner sobre la mesa temas sobre los que reflexionar, tanto de salud mental, como de vida cotidiana en un momento en el que el segundero del reloj logró pararse.

Tras el fin del estado de alarma y la venida de esa nueva normalidad que no a todos gusta, por lo que conlleva y por su término en sí, decidimos mantenerlo, a pesar de no encontrar tanto tiempo para su actualización. El segundero se había vuelto a poner en marcha.

Son tiempos difíciles y convulsos. Si ya todo estaba cambiando velozmente, ahora nada se puede dar por supuesto. Llegan las vacaciones de verano, el reencuentro con la familia, los abrazos congelados y disfrutar de largas horas de tranquilidad mental. Porque eso es lo que muchas personas buscamos este agosto: abandonar la zozobra y respirar la paz mental.

En ese impasse, antes de volver a la nueva normalidad del asfalto, muchas personas vuelven a retomar la lectura que dejaron hace tres meses. Para ellas, desde el equipo de BRISA, recomendamos leer, para quien no lo haya hecho ya, “El hombre en busca de un sentido”, de Viktor Frankl, superviviente de campos de concentración en la II Guerra Mundial, de Auschwitz, entre otros.

Durante sus casi 200 páginas retrata desde un punto de vista psicológico la forma en la que las personas encaraban esa situación límite, límite física y emocionalmente. Y es tan límite que cada página es desgarradora, demostrando también, como nos decía Ángela Rodríguez, de UMAI Terapia, que el ser humano tiene una capacidad de adaptación enorme. Esta es mayor si tiene un propósito o, como recoge, en más de un pasaje, Frankl entrecomillando a Nietzsche: «Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo».

Por otro lado, ni qué decir tiene que algo tan atroz que ha sucedido hace tan poco tiempo nos ayuda a relativizar cualquier cosa que esté ocurriendo alrededor y nos hace sentir privilegiados.

Espero que os guste nuestra recomendación.

Feliz paz mental.

La nueva normalidad: la hora de cuidarse emocionalmente (si no lo hacías antes)

El primer día de verano también ha traído consigo la llegada de la nueva normalidad. ¿La diferencia con la antigua? Probablemente sea solo la mascarilla.

Las ciudades se vuelven a llenar de una vida que parece que ya no tiene la mirada de miedo ni incertidumbre, en los trenes y los aviones no cabe un alfiler– porque la distancia social parece que es solo para el pequeño comercio – , las estaciones y aeropuertos se llenan de abrazos prohibidos, de reencuentros y de lejos, en Mallorca, se escucha ya hablar alemán.

Además de retomar gradualmente la rutina que un día se tuvo, ya nada va a volver a ser como antes. Y es que para muchas personas estos tres meses han supuesto un terremoto en sus vidas y ahora llega la hora de recoger los pedazos que se rompieron y cuidarse emocionalmente para poder pegarlos, para mimarse y para vivir mejor dentro de nuestro cuerpo y nuestra mente.

Desde la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes (Anpir) alertaban hace unos días que las personas con problemas de salud mental podrían incrementarse en un 15 % y en un 20 %.

Estrés, ansiedad, agorafobia, trastornos del sueño, tristeza y desánimo… son algunos de los síntomas que quien más y quien menos ha sentido a lo largo de estos tres meses y que es posible que se alargue hasta septiembre que será cuando, de verdad, llegue la (nueva) normalidad.

La paciencia es una de las habilidades que la era posCOVID también va a reclamar y en ese sentido, para poder llevar bien el impacto que todo esta vorágine ha provocado, hace falta tener una visión abierta y optimista, no pretender querer retomar todo de golpe y continuar eligiendo ser siempre protagonistas de nuestras propias vidas.

Ya mucho antes del coronavirus y de muchas otras cosas, el filósofo Epicteto rezaba “no nos afecta lo que nos sucede sino lo que pensamos sobre lo que nos sucede”. Ahora toca afrontar lo que sucede, lo que nos sucede también como sociedad, y si no podemos hacerlo solos, con ayuda seguro que sí.

El teletrabajo en pandemia no es teletrabajo

El otro día, analizando los posts que habían generado más visitas e interés, vimos que entre los primeros estaba en el que habíamos hablado de teletrabajo.  Es de hace un par de años y entonces lo vinculamos con la movilidad sostenible. El interés despertado hoy, seguramente, tiene más bien connotaciones pandémicas que poco tiene que ver con acabar con el humo de los atascos y la mala uva en la que se puede llegar a la oficina.

Sin embargo, no que hay que olvidar que trabajar en casa tiene un impacto directo sobre las emisiones que se evitan y, por ende, con una mejora de la calidad del aire. Desde la fundación Más Familia recogen en su Libro blanco del teletrabajo que, si en una ciudad como Barcelona, el 40 % de las personas susceptibles de poder teletrabajar, lo hiciese dos días en semana, se ahorrarían 332.843 toneladas de CO2 y unas 336.171 toneladas de gases de efecto invernadero al año.

Pero volvamos a hoy y a la situación que ha generado la COVID -19.

Lo de ahora NO es teletrabajo. Lo de ahora es trabajar desde casa porque hay una pandemia mundial en la que está muriendo gente – cada vez menos, por fortuna – y de la que nos debemos cuidar y evitar desplazamientos innecesarios.

¿Desplazamientos innecesarios? Sí, la tecnología está preparada para poder permitir que se vaya a la oficina una vez a la semana o cada dos. Se deberán desarrollar nuevos protocolos y procesos de comunicación de los equipos de trabajo para que se siga haciendo un trabajo coordinado, pero, en definitiva, los puestos que no requieren de trabajo físico y manual, se pueden digitalizar perfectamente y a las pruebas nos remitimos.

Pero, como se ha dicho, esto no es un ensayo general real. Las personas no trabajan con sus hijos al lado normalmente, ni en un contexto tan fuerte de incertidumbre que inunda todo – porque, no nos engañemos, la concentración no es la misma en esta situación que en la “vida normal” -, ni con tanta tensión social.

Y, por otro lado, para que se pongan las bases del teletrabajo también se han de poner las de la desconexión. Trabajar no se puede convertir en un estado, es una actividad, que tiene principio y fin y se percibe un salario por ella. En Francia ya se había legislado a favor de la desconexión digital. Aquí aún hay que hacerlo.

Quizá se deje para septiembre, cuando el virus sea más un mal sueño, pero no se puede esperar mucho más. La ministra de Trabajo ya está hablando de la Ley Reguladora del Trabajo a Distancia, pero habrá que ver cómo se articula para no hacerse con los ojos de la oficina sino con una mirada mucho más amplia, para que sea más justa.

La COVID-19 no va a dejar nada indiferente y hay que poner las reglas del juego antes de seguir, para que se mejore en calidad de vida, que, a fin de cuentas, de eso se trata, de estar mejor que antes.

Ciudades de proximidad, ciudades 15 minutos

Según la última encuesta de movilidad, en la ciudad de Madrid, sus habitantes invierten cerca de una hora y media en desplazamientos por la ciudad. Esto significaría que Madrid no es el lugar más idóneo para implantar ese modelo de proximidad que empieza a escucharse de lejos, pero cada vez más fuerte, ¿o sí?

Como todo en la vida, va por barrios, y es posible que eso sea en lo que se tenga que poner la lupa. En la fase 0 de desescalada, en el momento en el que se permitieron los paseos, las personas se dieron cuenta del barrio en el que vivían, las cosas positivas y las carencias.

A pesar de tener los negocios las persianas bajadas, todo se observaba desde otro prisma. Las aceras parecían más estrechas, las zonas verdes inexistentes rendidas al asfalto…Cada habitante ha tenido su propia experiencia y ha hecho su propia reflexión que ha seguido formándose durante el sucederse de las fases, tanto en Madrid como en otras grandes ciudades.

Probablemente el impacto de la COVID- 19 acelere, por fin, la llegada de las ciudades de proximidad o el modelo de ciudad 15 minutos. Esto no significa otra cosa más que todo lo que se necesita se pueda encontrar sin necesidad de coger el vehículo privado para desplazarse.

Esta idea la lanza una gran ciudad como París, pero también la ha lanzado ya Barcelona con ese concepto de súpermanzanas y ha continuado Madrid con Madrid Central. La Ley de Cambio Climático ayudará en esta consecución porque obliga a las grandes ciudades de más de 50.000 habitantes a tener una zona de baja emisiones, o lo que es lo mismo, tenerla lejos del alcance de los vehículos contaminantes.

Se trata, a fin de cuentas, de construir ciudades más amables, integradoras, recuperar el espacio urbano que se había dado al vehículo privado en los últimos años y volver a impulsar un tejido urbano y social que sea comunidad. Ciudades vivibles, en las que se recuperen vínculos y cuidados. Suena muy bien.

La resiliencia es la HABILIDAD en la era postCOVID

Recientemente ha salido publicado un estudio elaborado por el Grupo Mutua de Propietarios y el Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (CGATE), bajo el título “La salud de tu hogar en tiempos de confinamiento” en el que se revela que el 74 % de las personas participantes consideran que se adaptado bastante bien o muy bien al confinamiento.

Esto muestra lo que Ángela Rodríguez, psicóloga general sanitaria y a la que entrevistamos, afirmaba: el ser humano tiene una gran capacidad de adaptación.

Si bien en este estudio entran variables como el número de personas que viven en el hogar o los metros cuadrados, seguramente podría ser extrapolable a otros ámbitos en los que se analizara esta capacidad de adaptación y, además, en positivo: la famosa resiliencia.

Esta, según los expertos, será la herramienta más útil con la que tendremos que contar a partir de ahora, junto a otras que la consultora Grow Talent Solutions resume en: paciencia, flexibilidad, creatividad, iniciativa, agilidad, (capacidad de) networking, (capacidad de) pedir ayuda, aprender y reaprender y liderazgo y autoliderazgo.

Porque, aunque la gran parte de España esté ya en fase 1 y camino de la fase 2, esto no significa que la nueva normalidad se pueda parecer a la normalidad que se tenía antes. Y, aunque pareciera que las personas son muelles y que vuelven a su estado original y olvidan, esta pandemia va a dejar un poso importante en la mayoría. Ya ha provocado un punto de inflexión y transformará la forma de relacionarnos y de interactuar en la ciudad.

La ONU, por su parte, ha hecho un llamamiento a cuidar la salud mental para frenar el malestar que embarga a muchas personas a partir de la incertidumbre y que puede desembocar en ansiedad, depresión o abuso del alcohol y acabar en suicidio.

No es una exageración, hay que estar alerta. Queda mucho camino por delante y hay que viajar con esas herramientas que nos serán útiles para afrontar los nuevos escenarios que se crearán en esa nueva normalidad que parece no acabar de llegar. Para cuando lo haga, tenemos que estar preparados y que nos encuentre justo donde queremos estar.

La mujer en el entorno rural, cada vez más emprendedora

Cada año, en el Día de la Mujer Rural, que se celebra el 15 de octubre, se recuerda la doble brecha que tiene la mujer en estas áreas: por ser mujer y por ser rural. Por fortuna, gracias a los movimientos de la España Vaciada y la revuelta del año pasado, la sociedad en su conjunto está tomando mayor conciencia sobre las diferencias que existen en cuanto a servicios, infraestructuras y comunicaciones entre la ciudad y el campo o las zonas rurales.

Estos aspectos han provocado que durante muchos años los pueblos se fueran vaciando cada vez más. Por fortuna, dentro de esa nueva corriente que hay latente – o había antes de la pandemia –sobre la recuperación de lo local, del negocio de proximidad y, por qué no, de la slow life, los pueblos se han ido poniendo sobre la mesa en la agenda política tomando mayor relevancia, impulsados también por la aparición política de Teruel Existe.

En este contexto, el papel de la mujer en el mundo rural también ha empezado a tomar impulso. Herramientas como la Ley de Titularidad Compartida, aunque no esté funcionando todo lo bien que debiera, sirve como catapulta para ellas en las explotaciones familiares, pero también numerosos proyectos de emprendimiento que se han ido poniendo en marcha en el ámbito del turismo, de la agroalimentación y la enología o la artesanía, entre otros. Tanto es así que, según un estudio de COPADE – Comercio Para el Desarrollo -, las mujeres liderarían ya el 54 % de los proyectos empresariales lanzados en el medio rural.

De esto y mucho más hablaremos en las jornadas virtuales en las que colaboramos y que organiza el Instituto de la Sostenibilidad bajo el título “Mujeres AgroSostenibles”  que celebraremos los días 14 y 15 de mayo con motivo también de la festividad de san Isidro, patrón del campo. Para inscripciones y consultas del programa: aquí

Sobre positividad tóxica y reivindicar nuestro estado de ánimo

Las personas que aplauden y las que no. Las que hacen pan y las que desparramarían toda la harina y vaciarían los sobres de levadura Royal por el váter. Las personas que hacen ejercicio cada día y las que se tumban a ver las horas pasar y cómo crece la hierba fuera. La sociedad, también antes del confinamiento, estaba llena de distintas formas de vivir.

Y es que, en estos últimos días, el término positividad tóxica se ha empezado a escuchar y leer bastante. La representación gráfica podría estar en esa suerte de batalla entre Mr. Wonderful y Mr.Puterful, por ejemplo. La reivindicación de sentirse mal cuando uno mismo se siente mal, de hecho, ¿por qué no hacerlo?

Es cierto que desde que estallara el estado de alarma, han sido repetidos hasta la saciedad los múltiples consejos para sobrellevar la situación – también desde nuestro equipo hemos propuesto los nuestros -, las enseñanzas que esta experiencia trae a nuestro día a día y las oportunidades que se vislumbran a pesar de todo. La positividad se ha convertido en un refugio en el que cobijarse hasta que la vida, congelada, se pudiese retomar.

Pero este refugio, a la vez, se ha tornado incómodo para muchos. Todo es bueno en su justa medida y una sobredosis de positividad no se puede llevar muy lejos, por lo que pesa y por lo que frustra cuando no se consiguen los objetivos.

Investigando por la red se atribuye este término al psicólogo clínico Konstantin Lukin quien, curiosamente, aparece con una sonrisa de oreja a oreja en su web junto a su familia. Ironías aparte, no existe una receta absoluta de la felicidad y enmascarar los sentimientos detrás de consignas de arcoíris y piruletas, no sintiéndolo, solo provoca que la bola que nos persigue no deje de hacerlo y sea cada vez más grande.

No se trata de tener que elegir entonces entre Mr. Wonderful y Mr. Puterful, ni que los partidarios de unos quieran convencer a los partidarios del otro y viceversa. Se puede estar en los dos bandos sin ser un traidor, dependiendo de cómo nos encontremos. Y no pasa absolutamente nada. La pandemia sigue estando fuera.

La nueva normalidad irá en bicicleta

El coronavirus ha puesto en jaque también al transporte público, el medio más eficiente para los desplazamientos. Después de todo el esfuerzo en poner en marcha acciones para fomentar la movilidad sostenible, tales como el carpooling o la intermodalidad, ahora todo esto se tambalea como un castillo de naipes porque, en cuanto llegue esa nueva normalidad, nadie va a querer ir en coche con otra persona con la que no conviva y nadie va a querer ir en transporte público si se puede evitar.

Y esto tiene sus consecuencias: más vehículos privados en las carreteras, más atascos, más emisiones, más contaminación y por ende, más partículas en suspensión, más enfermedades respiratorias y quizá otra vez un buen contexto para que el coronavirus y corra como la pólvora.  

Esto es no porque la contaminación sea la causa del coronavirus, sino porque es un contexto que lo impulsa, o al menos así revelaba un estudio de la Universidad de Harvard a principios de mes del que se hacían eco en El Independiente. En éste se explicaba que el aumento de un microgramo por metro cúbico de las partículas PM 2,5 se asociaba con un incremento del 15 % de la tasa de mortalidad por coronavirus.

Con todo esto, conviene repensar el modelo de movilidad y el modelo de ciudad, recuperando aún más espacios para poder fomentar la distancia social que antes no era necesaria, además de acudir a las ayudas del Plan Moves que le Gobierno pone en marcha para fomentar la compra del vehículo eléctrico.

Muchos ayuntamientos están ya preparando la ciudad para el postCOVID, como en el caso de Valencia que, si bien había pospuesto las obras de peatonalización de la plaza del Ayuntamiento por el estado de alarma, ahora lo retoma con una imagen integradora y, seguramente, habiendo ganado más adeptos, convenciendo a muchas de las personas que estaban en contra.

Y es que es probable que la nueva normalidad fomente también la nueva movilidad, un concepto del que ya se hablaba y que, seguramente, sufrirá algún cambio. Sin duda, la estrella de todo esto es la bicicleta. Las principales ciudades europeas y españolas ya están dejándose seducir, proyectando nuevos carriles para ellas porque es el único camino posible si se quiere continuar en la senda de la sostenibilidad y dar sentido a todos los esfuerzos realizados hasta ahora.

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