La comunicación en medio ambiente

La comunicación en medio ambiente

“Si no lo cuentas, no existes” – afirmaciones así han servido de excusa para empezar a debatir sobre la importancia de estar en las redes sociales, formar un departamento de comunicación en una empresa, externalizarlo o, incluso, iniciar una ponencia magistral en cualquier escuela de negocios orientada a formar nuevos directivos en marketing y comunicación.
Y, quizá, esta afirmación, casi a modo de sentencia, sea interesante hacerla para hablar de temas tan necesarios como el respeto o el cuidado del medio ambiente.
Ya hace años que se venía hablando de la capa de ozono, ese agujero que no pararía de crecer si, nosotros, la sociedad o nosotros, las empresas, no cambiábamos de actitud, pero casi de forma tímida, como con miedo, casi con un halo de misterio en torno al cambio climático.
Por fin, el medio ambiente se ha colado, no sólo en la agenda política sino en la agenda de los medios de comunicación. Son muchos los periodistas ambientales que llevan trabajando duro para generar conciencia acerca del carácter finito de nuestro planeta. Porque, no nos engañemos, la realidad es que la Tierra necesita de nuestra reacción y esa reacción sólo se consigue sensibilizando, re-educando en comportamientos, informando sobre consecuencias, sin dramatismos ni sensacionalismos, sólo la realidad.
Los cambios de hábitos no se hacen solos, de un día para otro, más bien gradualmente y para ello es necesario algo que los estimule y haga comprender a sus dueños su urgencia.
Por esto es importante la labor que se realiza desde los medios de comunicación, los gabinetes, las empresas y las asociaciones que velan por el futuro de las próximas generaciones, porque con sus campañas y sus artimañanas, en el buen sentido de la palabra, consiguen, conseguimos trasladar esa responsabilidad común con nuestro entorno, hacerla latente y necesaria. El ritmo lo marca la propia naturaleza, con la boina de Madrid o con el oso polar escuálido que se viralizó recientemente, pero tenemos que darle voz, porque si no lo contamos, parece que no existe.