La comunicación en medio ambiente

La comunicación en medio ambiente

“Si no lo cuentas, no existes” – afirmaciones así han servido de excusa para empezar a debatir sobre la importancia de estar en las redes sociales, formar un departamento de comunicación en una empresa, externalizarlo o, incluso, iniciar una ponencia magistral en cualquier escuela de negocios orientada a formar nuevos directivos en marketing y comunicación.
Y, quizá, esta afirmación, casi a modo de sentencia, sea interesante hacerla para hablar de temas tan necesarios como el respeto o el cuidado del medio ambiente.
Ya hace años que se venía hablando de la capa de ozono, ese agujero que no pararía de crecer si, nosotros, la sociedad o nosotros, las empresas, no cambiábamos de actitud, pero casi de forma tímida, como con miedo, casi con un halo de misterio en torno al cambio climático.
Por fin, el medio ambiente se ha colado, no sólo en la agenda política sino en la agenda de los medios de comunicación. Son muchos los periodistas ambientales que llevan trabajando duro para generar conciencia acerca del carácter finito de nuestro planeta. Porque, no nos engañemos, la realidad es que la Tierra necesita de nuestra reacción y esa reacción sólo se consigue sensibilizando, re-educando en comportamientos, informando sobre consecuencias, sin dramatismos ni sensacionalismos, sólo la realidad.
Los cambios de hábitos no se hacen solos, de un día para otro, más bien gradualmente y para ello es necesario algo que los estimule y haga comprender a sus dueños su urgencia.
Por esto es importante la labor que se realiza desde los medios de comunicación, los gabinetes, las empresas y las asociaciones que velan por el futuro de las próximas generaciones, porque con sus campañas y sus artimañanas, en el buen sentido de la palabra, consiguen, conseguimos trasladar esa responsabilidad común con nuestro entorno, hacerla latente y necesaria. El ritmo lo marca la propia naturaleza, con la boina de Madrid o con el oso polar escuálido que se viralizó recientemente, pero tenemos que darle voz, porque si no lo contamos, parece que no existe.

El eje de equilibrio de la conciliación

El eje de equilibrio de la conciliación

Nos gusta que nuestro tercer post coincida con el Día de la Mujer, porque sí, las mujeres necesitamos seguir teniendo nuestro día, al menos un día al año en el que hacer un alto en el camino, mirar atrás, ver lo logrado y lo que nos queda aún por hacer, porque queda mucho.
Leíamos hace unos meses el tremendo de EL MUNDO sobre el estudio realizado por el Foro Económico Mundial, este titular rezaba: “Las mujeres tardarán 118 años en cerrar la brecha salarial con los hombres”. Escalofriante. Como escalofriante es todo lo demás.
Y es que parece que las mujeres tenemos que seguir demostrando el doble, haciendo equilibrios en el eje de la conciliación – porque en algún sitio, que aún no hemos descubierto, debe estar escrito que el cuidado de la familia es tarea de la mujer – , en el guardarnos las espaldas si vamos solas por la calle de noche, en gritar más para que se nos oiga, porque el sistema, a veces, es tan simple, que si no gritas, nadie te oye y continúan con sus quehaceres.
Nosotras creemos que así como el planeta gira, la sociedad evoluciona y está en continuo cambio y la repartición de roles que tradicionalmente reinaba en cada hogar, en cada empresa, se tambalea, si no se ha caído ya.
Ya ha quedado obsoleto eso de que el hombre salga de la cueva a ir a cazar mientras la mujer se queda cuidando de la prole. Eso ya no es, por fortuna, lo que impera. Habrá mujeres que prefieran quedarse, u hombres. Lo interesante es que se está rompiendo con lo establecido (¿por quién?) , aunque lentamente y hay que trasladarlo a todas las esferas de la vida, a la de la empresa también.
No puede ser que las mujeres, sólo por el hecho de ser mujeres, tengan que “soportar” en entrevistas de trabajo la famosa pregunta de “¿te planteas ser madre?”. El día en que esa pregunta se formule a un hombre o, sencillamente, no se haga, habremos dado un gran paso en el mundo empresarial.
Hay mucho que celebrar y mucho por lo que trabajar