El impacto de la pandemia se presenta más fuerte para las mujeres

El impacto de la pandemia se presenta más fuerte para las mujeres

“…Sin una respuesta adecuada, corremos el riesgo de perder una generación o más de logros”. Estas palabras pertenecen a António Guterres, secretario general de la ONU, durante un encuentro sobre el impacto que el coronavirus está ocasionando en la sociedad, sobre todo en aquellas que están menos desarrolladas.

Con estas palabras, se puede resumir también el informe de ONU Mujeres From insights to action que indica cómo la pobreza extrema afectará mucho más a las mujeres y las niñas y será una situación que tarde en revertirse más allá de 2030.

Una se pregunta entonces qué hacemos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible que marcaban un mundo mejor al que llegaríamos dentro de sólo 10 años. La pandemia ha eclipsado todo y prácticamente la exclusiva urgencia es la de la atención sanitaria, aparcando, muchas veces y sobre todo a juzgar por las mascarillas vistas en la playa, la emergencia climática.

Pero sí. La sociedad no puede avanzar plenamente si se deja atrás a una gran parte de ella. Las mujeres, tradicionalmente, son las que se han ocupado más de los cuidados y, precisamente por ello, su situación es mucho más precaria en la actualidad. Además, se genera un suerte de círculo vicioso: cobran menos, tienen contratos menos estables y, por ende, son las que renuncian a la vida profesional si alguien tiene que quedarse en casa, al igual que son las que más están dispuestas a conciliar.

La brecha salarial no es ficción ni son los padres.  Existe y, según su bucea en los datos que hay disponibles en ese vasto mundo de internet, puede rondar desde el 13 % al 20 % en nuestro país.

En España, sin embargo, de un tiempo a esta parte todos los temas relacionados con el feminismo o la igualdad de género se han venido politizando, por unos o por otros. ¿No  parece increíble? ¿No debería ser una cuestión de estado llegar a un equilibrio, a una sociedad en la que todas las personas sumen y tengan las mismas oportunidades con independencia de su género?

El teletrabajo en pandemia no es teletrabajo

El teletrabajo en pandemia no es teletrabajo

El otro día, analizando los posts que habían generado más visitas e interés, vimos que entre los primeros estaba en el que habíamos hablado de teletrabajo.  Es de hace un par de años y entonces lo vinculamos con la movilidad sostenible. El interés despertado hoy, seguramente, tiene más bien connotaciones pandémicas que poco tiene que ver con acabar con el humo de los atascos y la mala uva en la que se puede llegar a la oficina.

Sin embargo, no que hay que olvidar que trabajar en casa tiene un impacto directo sobre las emisiones que se evitan y, por ende, con una mejora de la calidad del aire. Desde la fundación Más Familia recogen en su Libro blanco del teletrabajo que, si en una ciudad como Barcelona, el 40 % de las personas susceptibles de poder teletrabajar, lo hiciese dos días en semana, se ahorrarían 332.843 toneladas de CO2 y unas 336.171 toneladas de gases de efecto invernadero al año.

Pero volvamos a hoy y a la situación que ha generado la COVID -19.

Lo de ahora NO es teletrabajo. Lo de ahora es trabajar desde casa porque hay una pandemia mundial en la que está muriendo gente – cada vez menos, por fortuna – y de la que nos debemos cuidar y evitar desplazamientos innecesarios.

¿Desplazamientos innecesarios? Sí, la tecnología está preparada para poder permitir que se vaya a la oficina una vez a la semana o cada dos. Se deberán desarrollar nuevos protocolos y procesos de comunicación de los equipos de trabajo para que se siga haciendo un trabajo coordinado, pero, en definitiva, los puestos que no requieren de trabajo físico y manual, se pueden digitalizar perfectamente y a las pruebas nos remitimos.

Pero, como se ha dicho, esto no es un ensayo general real. Las personas no trabajan con sus hijos al lado normalmente, ni en un contexto tan fuerte de incertidumbre que inunda todo – porque, no nos engañemos, la concentración no es la misma en esta situación que en la “vida normal” -, ni con tanta tensión social.

Y, por otro lado, para que se pongan las bases del teletrabajo también se han de poner las de la desconexión. Trabajar no se puede convertir en un estado, es una actividad, que tiene principio y fin y se percibe un salario por ella. En Francia ya se había legislado a favor de la desconexión digital. Aquí aún hay que hacerlo.

Quizá se deje para septiembre, cuando el virus sea más un mal sueño, pero no se puede esperar mucho más. La ministra de Trabajo ya está hablando de la Ley Reguladora del Trabajo a Distancia, pero habrá que ver cómo se articula para no hacerse con los ojos de la oficina sino con una mirada mucho más amplia, para que sea más justa.

La COVID-19 no va a dejar nada indiferente y hay que poner las reglas del juego antes de seguir, para que se mejore en calidad de vida, que, a fin de cuentas, de eso se trata, de estar mejor que antes.

Ciudades de proximidad, ciudades 15 minutos

Ciudades de proximidad, ciudades 15 minutos

Según la última encuesta de movilidad, en la ciudad de Madrid, sus habitantes invierten cerca de una hora y media en desplazamientos por la ciudad. Esto significaría que Madrid no es el lugar más idóneo para implantar ese modelo de proximidad que empieza a escucharse de lejos, pero cada vez más fuerte, ¿o sí?

Como todo en la vida, va por barrios, y es posible que eso sea en lo que se tenga que poner la lupa. En la fase 0 de desescalada, en el momento en el que se permitieron los paseos, las personas se dieron cuenta del barrio en el que vivían, las cosas positivas y las carencias.

A pesar de tener los negocios las persianas bajadas, todo se observaba desde otro prisma. Las aceras parecían más estrechas, las zonas verdes inexistentes rendidas al asfalto…Cada habitante ha tenido su propia experiencia y ha hecho su propia reflexión que ha seguido formándose durante el sucederse de las fases, tanto en Madrid como en otras grandes ciudades.

Probablemente el impacto de la COVID- 19 acelere, por fin, la llegada de las ciudades de proximidad o el modelo de ciudad 15 minutos. Esto no significa otra cosa más que todo lo que se necesita se pueda encontrar sin necesidad de coger el vehículo privado para desplazarse.

Esta idea la lanza una gran ciudad como París, pero también la ha lanzado ya Barcelona con ese concepto de súpermanzanas y ha continuado Madrid con Madrid Central. La Ley de Cambio Climático ayudará en esta consecución porque obliga a las grandes ciudades de más de 50.000 habitantes a tener una zona de baja emisiones, o lo que es lo mismo, tenerla lejos del alcance de los vehículos contaminantes.

Se trata, a fin de cuentas, de construir ciudades más amables, integradoras, recuperar el espacio urbano que se había dado al vehículo privado en los últimos años y volver a impulsar un tejido urbano y social que sea comunidad. Ciudades vivibles, en las que se recuperen vínculos y cuidados. Suena muy bien.

La mujer en el entorno rural, cada vez más emprendedora

La mujer en el entorno rural, cada vez más emprendedora

Cada año, en el Día de la Mujer Rural, que se celebra el 15 de octubre, se recuerda la doble brecha que tiene la mujer en estas áreas: por ser mujer y por ser rural. Por fortuna, gracias a los movimientos de la España Vaciada y la revuelta del año pasado, la sociedad en su conjunto está tomando mayor conciencia sobre las diferencias que existen en cuanto a servicios, infraestructuras y comunicaciones entre la ciudad y el campo o las zonas rurales.

Estos aspectos han provocado que durante muchos años los pueblos se fueran vaciando cada vez más. Por fortuna, dentro de esa nueva corriente que hay latente – o había antes de la pandemia –sobre la recuperación de lo local, del negocio de proximidad y, por qué no, de la slow life, los pueblos se han ido poniendo sobre la mesa en la agenda política tomando mayor relevancia, impulsados también por la aparición política de Teruel Existe.

En este contexto, el papel de la mujer en el mundo rural también ha empezado a tomar impulso. Herramientas como la Ley de Titularidad Compartida, aunque no esté funcionando todo lo bien que debiera, sirve como catapulta para ellas en las explotaciones familiares, pero también numerosos proyectos de emprendimiento que se han ido poniendo en marcha en el ámbito del turismo, de la agroalimentación y la enología o la artesanía, entre otros. Tanto es así que, según un estudio de COPADE – Comercio Para el Desarrollo -, las mujeres liderarían ya el 54 % de los proyectos empresariales lanzados en el medio rural.

De esto y mucho más hablaremos en las jornadas virtuales en las que colaboramos y que organiza el Instituto de la Sostenibilidad bajo el título “Mujeres AgroSostenibles”  que celebraremos los días 14 y 15 de mayo con motivo también de la festividad de san Isidro, patrón del campo. Para inscripciones y consultas del programa: aquí

El Día de la Tierra

El Día de la Tierra

Hoy es el Día de la Tierra. Y, probablemente, nunca antes, en los últimos años, la Tierra ha estado tan al borde la locura como ahora, con una pandemia mundial, la invasión de las langostas en África y un clima tan tenso  – tanto mental como meteorológico -que pareciera que fuera a explotar.

El otro día – ya no recuerdo cuándo porque todos se parecen – llegaban a la Tierra, esa misma Tierra que está buscando su propia mascarilla y una camisa  de fuerza, un equipo de astronautas que había estado de misión espacial cerca de 200 días.

¿Qué pensarían? ¿Cómo puede cambiar el mundo tanto en tan poco tiempo? Cierto que 200 días son muchos días con sus muchas noches, pero, desde luego, nadie podía imaginar esto cuando partieron.

 La realidad, muchas veces, supera a la ficción.

Y ten cuidado con lo que deseas que, a veces, se cumple.

No sé cuándo empezó a coger ese ritmo frenético las sociedades de los países desarrollados. Cuándo nos olvidamos de cuánto es importante todo lo que nos rodea, desde nuestra familia y nuestro entorno más cercano, hasta las personas con las que interactuamos y tropezamos sin querer en el transporte público.

Hemos caminado deprisa mucho tiempo, cabizbajos, iluminados por una pantalla, con el “no tengo tiempo” en la boca, olvidándonos de la sensación que provoca la brisa de verano, el sol que se despierta en primavera, el olor de lluvia del otoño o el chocolate caliente que evoca una tarde de invierno.

Y nos hemos empeñado en buscar vida en otro planeta porque la Tierra se nos quedaba pequeña. Pequeña y obsoleta, porque la forma en la que estábamos viviendo estaba chupándole demasiada energía en su vaivén.

El cambio climático avanza, inexorablemente, destrozando cultivos, especies, provocando la existencia de nuevos migrantes, nuevos desastres y nuevas enfermedades.

Ahora la Tierra sigue girando, cansada, a un ritmo que quiere decir, “llevo mucho tiempo advirtiéndoos”. Quizá este parón por coronavirus nos debería hacer pensar en cómo queremos que sea nuestra vida en la Tierra. La ONU advierte de que ya no podemos esperar más y que con las políticas actuales tampoco vamos a conseguirlo. Dejemos de pensar en hacia dónde huir entonces, cuando ya no quede nada, luchemos, en cambio, por lo que tenemos ahora, por lo que compartimos, comprometámonos en nuestro día a día, para que la Tierra sea el mejor lugar donde vivir, nuestra generación y las próximas que vendrán.

Marta Pano Crego

Fundadora de BRISA, Comunicación Social y Medioambiental

La brecha digital, al aire por coronavirus

La brecha digital, al aire por coronavirus

El Coronavirus ha puesto patas arriba todo y ha hecho una fotografía a traición de las vidas de toda la sociedad, aireando las realidades – buenas o malas – de manera acentuada por la situación. La brecha digital es una de esas realidades que ha salido con la luz del flash.

España, probablemente, no estaba preparada para el teletrabajo, pero mucho menos para impartir clases a distancia en colegios e institutos, ya que existen multitud de familias que no disponen de ordenadores o que no tienen conexión a internet lo suficientemente rápida como para poder seguir de manera eficiente el material que se envía.

Por lo que respecta a internet, según la última encuesta del INE publicada en octubre de 2019, existen alrededor de 3 millones de hogares que no disponen de conexión a internet, cerca del 8 % de la población, destacando, sobre todo, las zonas rurales.

En días normales no disponer de internet puede ser un problema, pero en días de coronavirus  es mucho más grave. La brecha digital crece tanto que, en muchos casos, se hace insalvable. Quienes pueden contratarlo lo hacen, pero no hay que olvidar que también los ordenadores u otro tipo de soportes, cuestan.

Por fortuna, en esa fotografía hecha a traición también ha salido el espíritu de la solidaridad y la iniciativa de muchos vecinos que se han movilizado para ayudar a quienes la brecha digital les separa del derecho legítimo de acceso a la educación.

Un ejemplo se vive en el municipio madrileño de Pozuelo de Alarcón, el que cuenta con la renta per cápita más alta del país, pero también es el municipio con más desigualdad, donde la se ha puesto en marcha “ Pozuelo, más conectad@s que nunca”.

También otros programas de empresas y organizaciones como Telefónica o La Caixa han puesto en marcha sendas iniciativas para dotar a estudiantes que lo necesitan de equipos para que puedan seguir el ritmo.

Está claro que mientras dura esta tormenta se debe hacer una reflexión profunda sobre los recursos educativos y poner sobre la mesa propuestas para reducir la brecha digital.

El cambio climático está ya siendo: la vida no espera

El cambio climático está ya siendo: la vida no espera

Hoy se celebra el día Internacional de Cambio Climático. Es cierto que hay tantos días mundiales que, a veces, nos preguntamos si tiene razón de ser o no. Desde luego, esta pregunta no nos la hacemos ni por asomo este 24 de octubre y, desgraciadamente, pasarán muchos otros 24 de octubre en nuestra vida en los que sabremos que este día no se puede olvidar.

¿Por qué? Porque, aunque conceptos como cambio climático o economía circular empiecen a estar en boca de toda la sociedad (¡por fin!), aún queda mucho camino por recorrer. Poner la lupa sobre ello, aunque sea sólo un día al año, es vital para que se lleve a cabo esa transformación que todos estamos esperando para no tener que acabar escribiendo, los periodistas del futuro, el necrológico del planeta tal y como lo conocimos.

Un día como hoy sirve para que cada persona pueda reflexionar sobre cómo puede contribuir a frenar el deshielo de los glaciales o a que los peces no se mueran ahogados por el plástico que consumimos.

La tragedia del Mar Menor, que nos pilla más cerca que el deshielo es eso: una tragedia. Además, representa un aviso que nos indica que no hay vuelta atrás, porque aunque hayan sido muchos los motivos, uno de ellos también ha sido el vaivén del clima impulsado por la acción humana.

Todos somos responsables, tanto del Mar Menor, como de los osos polares huesudos que hemos visto en los últimos tiempos en imágenes que nos han erizado la piel, o de las colas en urgencias por enfermedades respiratorias acentuadas por la gran contaminación del aire.

Todos somos responsables, pero también somos parte de la solución. Y esta es la (única) buena noticia, una solución que ha de ser progresiva, que tiene mucho de concienciación, de sensibilización y de políticas por parte de la administración, pero que trae consigo, sobre todo, la urgente transformación de estilo de vida hacia hábitos más saludables, hacia nosotros mismos y hacia el medio ambiente.

Un informe de Ecologistas en Acción afirma que este último año cerca del 85 % de la población española ha respirado aire no saludable e invita a reducir el uso de vehículos, por ejemplo, como primera medida para paliar esta problemática. Y es que, ¿pensamos esperar todavía un poco más hasta que nos asfixiemos en nuestra testaruda forma de vivir? Ahora más que nunca conviene incidir en que el tiempo es vida.

Robots en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020

Robots en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020

Leemos la noticia que sale en Esmartcity sobre el papel que tendrán los robots en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 que, aunque la cifra pueda parecer redonda, es el año que viene. Volvemos de verano, pasan unos meses con su otoño y su invierno y ya es 2020.

No es ciencia ficción. Si hay un país que se encuentra muy avanzado en cuanto a tecnología se refiere, con todas sus variantes, ese es Japón, donde sus habitantes también parece que la tienen asimilada de manera natural, en su ADN.

Es Toyota quien está detrás de este desarrollo. Será la dueña de los robots que ayudarán a las personas con movilidad reducida a ocupar su sitio en la grada. Se espera que sirvan a un total de casi 1.000 personas. Pero no sólo. Estos robots también se utilizarán para ejercer de repartidores de comida. Lejos quedó aquella persona que se paseaba por las gradas esperando ser llamada.

La tecnología avanza vertiginosamente y eso, a veces, es lo que produce. Vértigo.

Leyendo esta noticia, nos ha resultado difícil no pensar en el mundo recreado por Albert Espinosa en su último libro, “Lo mejor de ir es volver”, en el karma artificial y en el papel, cada vez más importante, que desempeñan los robots.

Creemos que conviene reflexionar antes de normalizar esta situación. Un robot nunca podrá sustituir a una persona, a su inteligencia emocional o a su empatía, ¿o sí? Al menos, desde luego, no ahora.

Tomar robots que acompañen a personas con movilidad reducida a sus asientos, personas que, muchas veces, necesitan de más empatía, o que traigan una Sapporo sin poder intercambiar una sonrisa real ante la competición que se esté viendo, no sé si nos convence mucho. Como que falta algo.

Como experimento puede ir bien, pero ¿hasta qué punto se pueden conseguir los mismos resultados que si lo hiciera un humano? ¿Nos volveremos (todavía) más individualistas?

Objetivos de Desarrollo Sostenible: Todos vamos en el mismo barco

Objetivos de Desarrollo Sostenible: Todos vamos en el mismo barco

El pasado domingo, 12 de mayo, participamos en el evento organizado por Los 18 cuyo fin era, entre otros,  el de poner la lupa sobre la responsabilidad compartida que tenemos como sociedad en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Este evento se celebró en la céntrica plaza de Neptuno y coincidía en día también con la Carrera de la Mujer y los miles planes que San Isidro Labrador, patrón de Madrid, lleva en su programa más veraniego.

Bajo los mismos colores que los ODS, cada participante decidía cuál era el que sentía más cercano de alguna manera y endosaba así su camiseta para la gran ola humana de ese barco en el que vamos todos.

De los 17 todos son únicos, importantes e interdependientes ya que sin los demás no pueden existir. Se trata pues de una apuesta transversal en la que todas las personas podemos aportar nuestro granito de arena en las acciones y gestos del día a día.

Energía asequible y no contaminante o Acción por el clima tuvieron una gran acogida, sumando aparentemente más participantes de los que se habrían registrado. De hecho, de esto se trata precisamente, de acoger y de invitar a todos los quieran participar en ese gran desafío que tenemos por delante hasta 2030. Fomentar la igualdad de género – 5–, crear ciudades y comunidades sostenibles – 11 – o garantizar la educación de calidad – 4 -, sin olvidarnos del agua limpia  – 6 – y de tantos otros encadenados que conforman los 17.

El evento transcurrió en un clima festivo para toda la familia donde hubo lugar incluso para hacer algo de deporte, porque no se puede pretender una vida saludable y un mundo sostenible si no se empieza desde uno mismo.

La ola humana ponía un punto de color bajo el cielo de Madrid para recordar que conseguir una sociedad y un mundo mejor está en nuestras manos.

#MiPadreEsUnElfo

#MiPadreEsUnElfo

Buscando quién estaba detrás de la campaña, descubrimos que era Sra Rushmore y no nos extrañó porque suele estar detrás de grandes y emotivas campañas que nos hacen sonreír. #MiPadreEsUnElfo se ha convertido en el himno de estas Navidades y ojalá bata a Mariah Carey y su manido All I Want For Christmas Is You, que lleva sonando desde que se estrenara Love Actually. Calculad. Necesitamos ya las dos manos para contar.

#MiPadreEsUnElfo nos parece una obra maestra con el objetivo conseguido de volver a pensar en la Navidad como en aquella época entrañable en la que todo es posible, los sueños se convierten en realidad y la ilusión inunda todo, desde lo más cotidiano.

Genial el Corte Inglés por aceptar esta campaña y, seguramente, en la propuesta de Sra Rushmore algo tendrá que ver su  briefing presentado. Cuidado al mínimo detalle. Que el niño vaya a una academia de música también es grandioso. La única duda que nos surge es si los empleados del Corte Inglés ya pueden ir con barba a trabajar. Si es así, ¿quién diría que fuese un elfo quien modernizase esta institución? ¡Pues hay que creer!

Estas fechas son de llorar viendo anuncios, porque Rúa Vieja tampoco se ha quedado atrás con su  #TenemosQueVernosMás, de Leo Burnett, haciéndonos reflexionar de cómo la sociedad moderna está tendiéndonos una trampa constante, llenándonos de obligaciones, – ¡muchas de ellas inventadas! – y nos está apartando de lo que es importante: nuestro bienestar, las relaciones personales, la familia, los amigos…en resumen, el disfrutar de la vida.

Estamos expectantes por ver el spot que queda para completar las Navidades: el de Campofrío. Mientras llega y no, seguimos trabajando desde nuestra pequeña parcela por hacer un mundo más consciente, más responsable y comprometido, tarareando “…creo que mi padre es un elfo, sí lo es, sí lo es…es un elfo”