“El aceite de oliva lo llevamos en la piel”

“El aceite de oliva lo llevamos en la piel”

‘El aceite de oliva lo llevamos en la piel’ este es el claim de la campaña que ha realizado UPA Granada para fomentar el consumo de aceite de oliva en las personas más jóvenes.

A pocos días de la celebración del 8 de marzo parece, cuando menos, imprudente sacar una campaña en la que se ve una mujer desnuda para fomentar el consumo de nuestro oro líquido. Una mujer desnuda como reclamo que lleva tatuadas unas aceitunas en el hombro. También hay que decir que contempla también una versión masculina, eso sí.

En cualquier caso, el debate está servido, como era de esperar.

El aceite de oliva es el niño mimado de la dieta mediterránea, tanto es así que el Ministerio de Consumo se compromete a sacarlo de la clasificación (polémica) de Nutriscore porque no salía tan bien parado. Y es que este semáforo de la alimentación no está causando más que enfado entre muchos productores que ponen en discusión los criterios utilizados.

Pero volvamos a UPA Granada. En una sociedad en la que este tipo de publicidades ya no encaja tanto, era de esperar que la campaña pudiese provocar un poco de rechazo. Algo que parece haber sorprendido a la organización agraria que se escuda en que para nada la considera frívola ni machista, en el caso de la representación de las mujeres.

El objetivo es que estos carteles se expusieran al aire libre en la ciudad de Granada, en marquesinas y autobuses, sin embargo, la campaña no ha sido aceptada y UPA ha decidido utilizarla sólo online, en su web y a través de redes sociales.

De haber salido, ¿habría conseguido fomentar el consumo de aceite de oliva entre los jóvenes? Pues no sabemos, porque no tenemos la bola de cristal. Desde luego la campaña es impactante e indiferente no deja, pero el diseño supera con creces el motivo del anuncio, relegándolo a un segundo plano.

Probablemente, haberlo asociado a un brazo con la piel de gallina, a una escena familiar o un encuentro entre amigos que toman pan con aceite para desayunar, por ejemplo, hubiese funcionado bien y hubiese cumplido su objetivo de fomentar su consumo. A nuestro juicio, la campaña de UPA ha valido solo para hablar de ello, que no es moco de pavo, y discutir sobre si todo vale en el diseño o no. Habría que ver qué piensan las generaciones más jóvenes.

A veces no basta solo con la intención: De Radar COVID y otras tecnologías

A veces no basta solo con la intención: De Radar COVID y otras tecnologías

Sí. A veces no basta con la intención y con el querer hacer las cosas. La intención ayuda a moverse, pero si no se sabe bien el camino no se llega a ningún lado. La vida no para de enseñárnoslo.

Leemos con atención que la electromovilidad no acaba de cuajarse en España porque apenas hay infraestructuras de carga. La Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (ANFAC) pone a nuestro país muy alejado de la media europea con 18,6 puntos vs 39,9.

Esto hace pensar que, efectivamente, no basta con querer ser respetuosos con el medio ambiente y contar con un vehículo que no contamine si no se facilita su uso normal. Es cierto que la tecnología en este campo tiene que seguir creciendo, pero no lo puede hacer dejando atrás políticas que pongan la base para que pueda ser viable.

Algo parecido ha pasado con la App Radar COVID. Se ha hablado esta semana en los informativos, pero ya se veía venir que no funcionaría. Aunque se le había descargado una cierta masa crítica – que no se sabe si realmente llega a ser crítica, parece que es según quién lo diga – la ausencia de un plan de acción hacia los centros de salud y hacia la ciudadanía ha hecho que sea una app que muchas personas tengan en su móvil sólo ocupando espacio.

Ya en noviembre se sabía que esta app no estaba funcionando. Algunos gobiernos de comunidades autónomas no la estaban apoyando, los códigos no se estaban facilitando y las descargas eran menores de las previstas. Finalmente solo el 2 % de los casos se han comunicado por esa vía.

Entran en juego varios factores, pero la falta de una campaña de comunicación es, a nuestro juicio, la principal causa del fiasco. Igualmente, en una campaña también hay una etapa destinada al seguimiento y, en muchas ocasiones, el no cumplir con los objetivos marcados hace que se cambie el rumbo o que se implemente un cierto plan de contingencias, se cambie el mensaje, el canal o el foco.

Gestionar todo lo que está ocurriendo desde la primavera pasada es muy complejo, a todos los niveles, pero cabe la duda de que no se ha dedicado todo el tiempo que merecía esta herramienta para evitar y rastrear los contagios, establecer un buen plan de acción, de concienciación a la ciudadanía y de formación al personal sanitario.

La tecnología está desarrollada para estar al servicio de la sociedad, para mejorar la calidad de vida, ¿y qué hay más pleno que vivir y evitar el riesgo de enfermar y hacer enfermar a los demás? El coronavirus es un tema de salud pública. De aplicar aquello de “mi libertad comienza donde acaba la tuya”. Nunca el respeto fue tan importante como ahora.

Queda la amarga sensación de haber menospreciado una buena herramienta que podría haber evitado muchas muertes, porque, aunque hayamos deshumanizado las terribles cifras que nos comunican cada día, siguen siendo familias enteras las que viven tragedias que no se merecen.

De mayor, científica, ¿por qué no?

De mayor, científica, ¿por qué no?

Hoy es uno de esos días que están señalados en el calendario de días clave como de los más importantes. Hoy, hace ya 6 años, la ONU lo declaraba el Día Internacional de la Niña y la Ciencia para promover su acceso al campo STEM – por sus siglas en inglés, Science, Technology, Engineering and Mathematic.

Se puede abrir el debate si son necesarios tantos días conmemorativos, pero si sirven para hacer un alto en el camino, tomar una fotografía de la situación y tomar conciencia de lo que se puede mejorar, no hay duda de que lo son.

Basta tener en cuenta los datos oficiales: sólo el 30 % de los investigadores son chicas y sólo el 35 % de los estudiantes de carreras STEM son mujeres.  Esta es una realidad que tiene que ver mucho con los roles de género y los estereotipos que, a veces, nos empeñamos en rechazar, pero existen. Y lo hacen porque el pensamiento necesita simplificar la realidad. Los estereotipos y las generalizaciones no son más que una herramienta de nuestro cerebro para entender de forma más sencilla la realidad.

Sí, porque la realidad es compleja y el trabajo para cambiar estos roles es arduo, pero no es imposible y debe hacerse a edades tempranas. La revista Science publicaba hace unos años un artículo en el que indicaba que era a la edad de los 6 años cuando las niñas percibían que las materias STEM no eran para ellas. Muy pronto para cerrarse puertas, ¿no?

¿De quién es la tarea para cambiar esto? Probablemente lo es de la sociedad en su conjunto.  Los colegios, las familias y lo que muestran los medios de comunicación que son, en muchas ocasiones, los encargados de normalizar.

Margarita del Val se ha convertido en toda una referencia y verla por la televisión hablando tan claramente de lo que está ocurriendo con el coronavirus, muy probablemente, ayude a hacer soñar a niñas, convirtiéndose en un modelo de referencia. Porque, son necesarios los modelos y saber que, ya antes,  algunas mujeres rompieron barreras en el campo de la ciencia.

La aseguradora Axa también ha lanzado una campaña aspiracional, no tanto de ciencia, pero sí de una mujer que consigue lo que quiere. Porque, en realidad, ¿qué es lo que nos frena?

Filomena: El espejismo de la recuperación de las ciudades

Filomena: El espejismo de la recuperación de las ciudades

Quién nos iba a decir que 2021 tendría este inicio. Llega el nuevo año pisando fuerte y todo apunta a que con muchas sorpresas preparadas. Quizá esto nos debería hacer pensar que igual no tenía tanto sentido planificar tanto, ¿para qué? Luego llega Filomena y con su gran nevada se lleva todo lo planeado, aislando pueblos, ganado y obligándonos a una suerte de confinamiento domiciliario en sus primeras horas.

Filomena, sin embargo, ha traído muchísimo color, una especie de luz nueva a quien sabido verla. De un plumazo ha peatonalizado las calles y las ha transformado en plazas, llenas de gente – a pesar de la COVID – y llenas de vida.

Con independencia de que en algunos casos la distancia social no se haya cumplido, si no fuera por eso, Filomena se habría convertido en un estupendo ensayo general de recuperación de las ciudades, dejando en evidencia todo el espacio que ocupa el coche.

En muchos lugares de Madrid la nieve se apila a los lados de las carreteras, en las aceras, y peatón y vehículos tienen la obligación de convivir y compartir el mismo espacio para que los primeros no tengan resbalones innecesarios con las placas de hielo que se forman en muchos puntos de las aceras. ¿Y cómo está siendo esta convivencia? Pues desde mi punto de vista bastante regulera porque se hace desde una relación de superioridad del vehículo privado frente al peatón.

Es cierto que es cuestión de espacio y velocidad, siempre es más sencillo que el peatón se eche a un lado y pase el vehículo a que éste esté de coche escoba hasta que se acabe la calle, pero, ¿algún conductor / a os ha hecho un gesto de agradecimiento?

Ya en su día, con el confinamiento, hablamos del acelerón que había pegado – o debería pegar –  el modelo de ciudad 15 minutos. Esta nevada histórica ha servido también para pensar en ello de nuevo porque si todo el núcleo de nuestra vida y actividad lo tuviéramos a esos 15 minutos no dependeríamos tanto del vehículo privado, podríamos ir a pie y se revertiría el espacio público.

Por desgracia parece que mucho tiene que nevar para que los desplazamientos a pie o en transporte público ganen la batalla al vehículo privado, sobre todo cuando la mayoría de las veces que se utiliza es para recorrer distancias de 2 – 3 km. Debería ser la alternativa a ir a pie y no al revés.

Marta Pano Crego

Fundadora de BRISA, Comunicación Social y Medioambiental

¿Seguirá el cambio climático en un rincón en 2021?

¿Seguirá el cambio climático en un rincón en 2021?

Nos fuimos de vacaciones dejando todo manga por hombro. El post de balance del año o el de la gestión de las emociones encontradas en Navidad que queríamos hacer a partir de este artículo de THE CONVERSATION para nuestra sección de Contando Granos de Arroz. Ambos se quedaron en el tintero por la urgencia desconectar un día y sus festivos.

Se vuelve a la carga en este 2021, el 6º aniversario de BRISA, con muchos proyectos para desarrollar y expectantes a lo que sucederá con la llegada de la vacuna y su distribución que, por lo visto, es más difícil de lo que parece.

El año del coronavirus terminaba con una interesante reducción de CO2, debido, sobre todo a los meses de confinamiento. No nos engañamos. Los hábitos ni los objetivos climáticos han tenido nada que ver. Sin embargo, aunque las emisiones se hayan visto reducidas, las concentraciones atmosféricas han seguido aumentando y, según un estudio 4C Cabron Outlook, del que se hace eco El Periódico de la Energía, solo se estabilizarán cuando estén cercanas a cero.

¿Qué tiene que pasar para ello? Los planes a nivel estatal y a nivel global para reducir las emisiones en los distintos sectores siguen estando vigentes, pero la realidad es que el medio ambiente y la lucha por paliar el cambio climático ha estado aparcada durante todo 2020, a nivel global y a nivel local.

No hay más que ver cómo las terrazas de los bares y restaurantes, para salvar su economía, están calentando las calles derrochando energía a tutiplén. En nuestro cerebro las prioridades y las preocupaciones se ordenan y el cambio climático ha bajado de posiciones. Totalmente justificado.

En cualquier caso, no podemos dejarnos llevar. La COVID 19 debe servir también como sirena que suena para dar un toque de atención y mirar hacia la mala calidad del aire, los actuales modelos de producción y consumo, el despojo de la identidad de los centros históricos por un turismo exacerbado y poco sostenible o el vacío que se respira en las zonas rurales.

Todo esto, de una manera u otra, ha influido en la velocidad de expansión del virus y todo esto desde nuestra sociedad acomodada. Que se lo cuenten a los migrantes climáticos o a países que no cuentan con infraestructuras de agua para una higiene adecuada. En fin, confiemos que todo este parón de 2020 sea para impulsar un 2021 mejor, a todos los niveles.

El impacto de la pandemia y el teletrabajo en la identidad corporativa

El impacto de la pandemia y el teletrabajo en la identidad corporativa

El teletrabajo no va con todas las personas. Hay quienes prefieren acudir a la oficina, echan de menos las conversaciones con sus compañeros, los cafés, el ruido – tanto que se ha creado hasta aplicaciones que los reproduce – y no consiguen separar del trabajo la acción de ir a la oficina.

Luego hay otras personas que están encantadas, que les cunde más el tiempo y que prefieren trabajar desde casa en lugar de desplazarse e invertir tiempo en hacerlo.

Decidirse por una fórmula u otra también depende de otros factores, como tener hijos en casa. Pero de eso ya hablamos, cuando comentábamos que teletrabajar en pandemia no era teletrabajar.

Entonces seguramente nadie se podía imaginar que la pandemia sobreviviese los 40 grados a la sombra. Y, sin embargo, ahí está, reinando una segunda ola que se vuelve a llevar por delante vidas que aún tenían mucho por delante.

El coronavirus se ha instalado en el mundo y parece que a corto plazo no se va a mover, así que hay que activarse y adaptarse a la situación, pero sin resignación. Esto pasará.

Todo alrededor de este virus se ha tenido que transformar porque ha roto el statu quo y lo que antes era considerado normal, como toser, estornudar o dar un beso a modo de saludo se ha convertido en objeto de sospecha.

Por su parte, las empresas con sus sedes también están viendo cómo la oficina va a tomar un papel menos relevante con el auge del teletrabajo que ya ha sido legislado. Las oficinas del futuro de las que tanto se hablaba, flexibles, sin puestos fijos, ya son presente.

Y todo este cambio incluye tanto la forma de diseñar los espacios por parte de los arquitectos y decoradores, como a la manera de relacionarse y construir identidad corporativa y sentido de pertenencia.

Esto último era lo que, en muchos casos, representaba una oficina para sus trabajadores: el lugar de referencia y el continente desde el que todo partía. Sin embargo, es posible que en el futuro esté más difuminado, aunque no se borrará en los próximos años porque el ser humano es un ser social. Necesita de otro para formarse, para reconocerse y para sentir que la vida tiene sentido, incluso, en este contexto.

Construir objetivos comunes, espíritu de equipo y reconocimiento en los valores de la marca será cada vez más difícil al trabajar siempre de manera más individual, perdiendo también parte de esa comunicación no verbal.

¿Las previsiones para 2050 de ciudades y núcleos urbanos más poblados se mantendrán? Pues no sabemos. Hasta la ley del teletrabajo habla de fijación de población en zonas rurales gracias a la tecnología – en el caso de que se decida apostar por ello y dotarla de infraestructuras pertinentes, claro. Lo que es seguro es que la oficina tal y como la habíamos entendido hasta marzo de 2020, y por ende, la empresa, no volverá a ser como antes.

¿Se llenará la España Vaciada?

¿Se llenará la España Vaciada?

La vuelta al cole ha estado marcada este año por una especie de carrera de obstáculos. Un poco por las prisas del último momento, siguiendo la tónica habitual y porque, probablemente, el escenario con el que nos fuimos de vacaciones era muy distinto al que nos hemos encontrado al volver, o, mejor dicho, el que hemos ido construyendo todos durante el verano.

Mientras que en las grandes ciudades se organizaba todo, y ocupaba sus largos minutos en el telediario, en el medio rural se observaba un ligero incremento en el número de alumnos, ¿por qué? La gente está volviendo a los pueblos o mudándose a las segundas residencias, las del veraneo, donde se está bien cuando se está bien.

Y es que el coronavirus ha cambiado las prioridades completamente. Parece que ahora solo se quiera vivir en un sitio donde poder sentirse a salvo, seguro, con calidad de vida, aire que respirar y verde que mirar. Recuperar un poco la calma que se había perdido entre tanto asfalto, tubo de escape y contaminación acústica. También ha sido posible o impulsado por el teletrabajo, claro.

¿Ayudará esto a poblar la España Vaciada? ¿Se está fraguando un éxodo urbano?

Hasta el momento se estaba produciendo un gran desequilibrio entre la zona urbana y la rural, con una brecha enorme, no solo digital, existiendo aún zonas donde no llega la red, a pesar de la apuesta que se ha anunciado que se va a hacer para reducirla, sino también a nivel de otros servicios públicos, empezando por los de la salud.

En este sentido, la semana pasada arrancaba un acto reivindicativo organizado por la Plataforma de la España Vaciada por una sanidad rural digna, de calidad que, durante la pandemia ha visto cómo los sanitarios se tenían que apoyar en los propios vecinos para poder seguir ejerciendo su labor por falta de recursos.

Habrá que esperar a ver si en el Plan de Recuperación que ha presentado el Gobierno y que cuenta con un capítulo referido a la España Vaciada, o al menos una sección de la llamada  “Agenda urbana y rural, la lucha contra la despoblación y el desarrollo de la agricultura”, que se quedará con el 16% de los recursos, ayudará de verdad a mejorar la calidad de vida de estos pueblos que ocupan cerca del 80 % del territorio estatal.

Sólo el 7 % de lo que comunicamos lo hacemos con la palabra

Sólo el 7 % de lo que comunicamos lo hacemos con la palabra

Siempre han dicho que la cara es el espejo del alma. ¿Qué pasa ahora cuando gran parte de ella va cubierta por la mascarilla?

La mascarilla, el objeto de moda – y quien no va a la moda es porque no quiere – cumple su función de protegernos, a nosotros mismos y a nuestros familiares y contactos de este virus que se ha colado en nuestras vidas en primavera y que parece que no se va ni con los 40 grados a la sombra que ha habido en algunas ciudades este verano.

A la misma vez que cumple con su función protectora, sin embargo, nos esconde. Esconde nuestra sonrisa, a pesar de que nos empeñamos en seguir haciéndolo cuando nos hacen una foto y esconde, simplemente, nuestra expresión. Una expresión que quiere decir más que lo que dicen nuestras palabras.

Según el experto en comunicación no verbal, Albert Mehrabian, sólo el 7 % de lo que comunicamos lo hacemos con la palabra, el resto lo hacemos con la entonación de la voz, la postura de nuestro cuerpo, la expresión facial, la mirada o los gestos de las manos.

Es tan importante la comunicación no verbal que son muchos los personajes políticos que se forman en esto para transmitir lo que realmente quieren y que su cuerpo y gestos no les delate.

Tan importante es toda esa parte que no se dice que ya muchas personas están empezando a diseñar mascarillas transparentes que permitan encontrar la sonrisa y poder ver la cara de la persona interlocutora por completo y, sobre todo, facilite la vida a las personas con déficit auditivo.

Así que mientras estas mascarillas se popularizan o no – y mantenemos los dedos cruzados para que pase de largo la pandemia -, podemos intentar suplir el tropiezo de la mascarilla y la distancia de seguridad – otro escollo que no hay que infravalorar -, acentuando nuestras emociones de otra forma, poniendo el énfasis en la entonación, acompañándonos con las manos y evitando el uso de las gafas de sol para que la comunicación no se pierda y la pandemia no nos siga separando.

El impacto de la pandemia se presenta más fuerte para las mujeres

El impacto de la pandemia se presenta más fuerte para las mujeres

“…Sin una respuesta adecuada, corremos el riesgo de perder una generación o más de logros”. Estas palabras pertenecen a António Guterres, secretario general de la ONU, durante un encuentro sobre el impacto que el coronavirus está ocasionando en la sociedad, sobre todo en aquellas que están menos desarrolladas.

Con estas palabras, se puede resumir también el informe de ONU Mujeres From insights to action que indica cómo la pobreza extrema afectará mucho más a las mujeres y las niñas y será una situación que tarde en revertirse más allá de 2030.

Una se pregunta entonces qué hacemos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible que marcaban un mundo mejor al que llegaríamos dentro de sólo 10 años. La pandemia ha eclipsado todo y prácticamente la exclusiva urgencia es la de la atención sanitaria, aparcando, muchas veces y sobre todo a juzgar por las mascarillas vistas en la playa, la emergencia climática.

Pero sí. La sociedad no puede avanzar plenamente si se deja atrás a una gran parte de ella. Las mujeres, tradicionalmente, son las que se han ocupado más de los cuidados y, precisamente por ello, su situación es mucho más precaria en la actualidad. Además, se genera un suerte de círculo vicioso: cobran menos, tienen contratos menos estables y, por ende, son las que renuncian a la vida profesional si alguien tiene que quedarse en casa, al igual que son las que más están dispuestas a conciliar.

La brecha salarial no es ficción ni son los padres.  Existe y, según su bucea en los datos que hay disponibles en ese vasto mundo de internet, puede rondar desde el 13 % al 20 % en nuestro país.

En España, sin embargo, de un tiempo a esta parte todos los temas relacionados con el feminismo o la igualdad de género se han venido politizando, por unos o por otros. ¿No  parece increíble? ¿No debería ser una cuestión de estado llegar a un equilibrio, a una sociedad en la que todas las personas sumen y tengan las mismas oportunidades con independencia de su género?

Lectura de verano: El hombre en busca de sentido

Lectura de verano: El hombre en busca de sentido

Nuestra sección Contando Granos de Arroz nació durante el confinamiento con el objetivo de poder poner sobre la mesa temas sobre los que reflexionar, tanto de salud mental, como de vida cotidiana en un momento en el que el segundero del reloj logró pararse.

Tras el fin del estado de alarma y la venida de esa nueva normalidad que no a todos gusta, por lo que conlleva y por su término en sí, decidimos mantenerlo, a pesar de no encontrar tanto tiempo para su actualización. El segundero se había vuelto a poner en marcha.

Son tiempos difíciles y convulsos. Si ya todo estaba cambiando velozmente, ahora nada se puede dar por supuesto. Llegan las vacaciones de verano, el reencuentro con la familia, los abrazos congelados y disfrutar de largas horas de tranquilidad mental. Porque eso es lo que muchas personas buscamos este agosto: abandonar la zozobra y respirar la paz mental.

En ese impasse, antes de volver a la nueva normalidad del asfalto, muchas personas vuelven a retomar la lectura que dejaron hace tres meses. Para ellas, desde el equipo de BRISA, recomendamos leer, para quien no lo haya hecho ya, “El hombre en busca de un sentido”, de Viktor Frankl, superviviente de campos de concentración en la II Guerra Mundial, de Auschwitz, entre otros.

Durante sus casi 200 páginas retrata desde un punto de vista psicológico la forma en la que las personas encaraban esa situación límite, límite física y emocionalmente. Y es tan límite que cada página es desgarradora, demostrando también, como nos decía Ángela Rodríguez, de UMAI Terapia, que el ser humano tiene una capacidad de adaptación enorme. Esta es mayor si tiene un propósito o, como recoge, en más de un pasaje, Frankl entrecomillando a Nietzsche: «Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo».

Por otro lado, ni qué decir tiene que algo tan atroz que ha sucedido hace tan poco tiempo nos ayuda a relativizar cualquier cosa que esté ocurriendo alrededor y nos hace sentir privilegiados.

Espero que os guste nuestra recomendación.

Feliz paz mental.